Mostrando las entradas con la etiqueta Natalia Jaureghizahar; (Pensamiento Nacional). Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Natalia Jaureghizahar; (Pensamiento Nacional). Mostrar todas las entradas

viernes, febrero 24, 2012

TU REMERA.

Llegué a las Islas, con una mezcla de coraje y pavor peleando en mis venas. Ninguno de los que volvió, fue el mismo. La guerra marca la carne y el alma. En esa yerra, se gestaron hermandades, cobijadas por el amor a la Patria, y el recuerdo de la familia que esperaba nuestro regreso. Se apilaron en mis pupilas, historias de bravura y heroísmo, que regresan cada noche. Las trincheras tienen una forma muy particular de parir hermanos. En esas hermandades se apoyó mi vida, cuando volví para convertirme en un fantasma, al que la memoria desvencijada de una sociedad que miraba para un costado, despreciaba. Vagué años arrastrando recuerdos y repitiendo escenas en mis sueños. Me pregunté cada día, si hubiera podido hacer algo más. Me lo pregunto hoy. Y repaso caras y nombres en mi mente, porque me parece que recordarlos, es como mantenerlos un poquito vivos. Me esfuerzo para que no se escape de mi cabeza, por momentos, aturdida, el tono de voz, o el brillo en la mirada, de mis hermanos que nunca volvieron. No quiero olvidar la gracia que me causó un sapucai del correntino, que celebraba el regreso de un compañero. Para él, era una forma natural de manifestar la alegría. A mí me sorprendió. Él se quedó a custodiar nuestras Islas. A mí, me tocó volver. Y te juro, changuita, que después de treinta años, su sapucai me despierta algunas noches. Y me estremece, más que el recuerdo del frío, el miedo, las balas silbando, el olor de la sangre y los ojos abiertos, pero sin vida. Pasaron tres décadas, a fuerza de acumular días y noches, de recuerdos y lágrimas. Muchas veces, sentí el afecto del Pueblo que defendimos, y me gratificó. Pero hoy, te vi. Usabas un aire despreocupado, que huele a adolescencia, una sonrisa que desperdiga juventud, y sentí nostalgias de esos días. Pero también usabas una remera, con la estampa de una bandera, que sangraba sin que lo notaras. Sangraba con la sangre de mis hermanos. Con la de tus compatriotas. Esa bandera, que lucías por moda, me hizo sangrar por dentro, rompió alguna de esas venas que irrigan el alma, y los médicos no saben zurcir si se rompen. Volvió todo el frío, toda la neblina, todo el miedo. El de las Islas, el de la desmalvinización, el de la muerte saltando sobre nuestras espaldas, llevando la bandera pirata por único atavío. Pensé en lo vano que sería tanta muerte, si aún ellos ocupan nuestra Patria, y empezaron a ocupar nuestras cabezas. Pensé en la madre del correntino, arrodillada frente a una tumba sin nombre, enredando un Rosario en esa cruz, tan blanca, tan sola, tan lejana. Y pensé en sus brazos de mamá, sin cuerpo que abrazar. Volví a pensar en vos, en tu sonrisa, tu juventud, y en tu remera. Estuve a punto de pararte, para decirte todo esto, pero no pude. Las lágrimas, no me hubieran permitido hablar. Natalia Jaureguizahar Serra.

martes, noviembre 01, 2011

Halloween o Patria.

En épocas del Imperio Romano cuando conquistaban un pueblo una de las primeras medidas que tomaban era que todos los trámites oficiales debían hacerse en latín. La dominación cultural no es un hecho nuevo, y es quizás más poderoso que la dominación militar. Un pueblo dominado por las armas se resiste, y en ocasiones gana. Un pueblo dominado culturalmente ni siquiera se entera que ha sido conquistado. La resistencia desaparece, no hay contra qué pelear, no se sabe quién está "adentro" y quién está "afuera".

Desaparecen los límites, las fronteras, y poco a poco nos convertimos en colonia sin saberlo.

La batalla que estamos perdiendo es la de la identidad, la de la memoria; nos quieren robar lo que somos, y somos nuestros recuerdos, los lugares por lo que transitamos, la plaza donde jugamos de niños, la casa de los abuelos, la escuela del barrio, el picadito en el baldío.

Hace poco, decía que la historia no es pasado, es cimiento… Y agrego: es cimiento y simiente. Es la semilla de la que brotará el futuro. Si sembramos Halloween, cosecharemos halloween, no ceibos.

Somos como pueblo la historia que construyeron nuestros ancestros. La patria es la tierra de los padres, la tierra por la que lucharon, por la que lloraron. La tierra donde parieron sus hijos, donde los criaron, los educaron. La tierra por la que lucharon, la que les brindó sus semillas para saciar su hambre.

Les debemos la memoria a los que dieron su vida por una Argentina digna, a los que soñaron con una patria feliz para sus hijos.

De a poco nos van robando todo, sin que ni siquiera nos demos cuenta, nos dan pequeñas porciones de historia cuidadosamente elegidas, saben que borrar el pasado nos deja sin identidad, sin presente.

Si la historia es otra, diferente a lo que nos une, nosotros también seremos otros.

Sin pasado y sin memoria, como chicos entrando un jardín de infantes, donde todo está por aprenderse, donde nos pueden enseñar lo que les plazca.



NOTA DE P DE HIERRO: El General Perón en su infinita sabiduría nos legó la cuarta bandera; la del NACIONALISMO CULTURAL. Y no es otra cosa que defender nuestra cultura para reafirmar nuestra identidad ante el inminente proceso de globalización (hoy en ciernes). Los nacionales no podemos ni debemos cejar en nuestra lucha por la cultura, máxime cuando estamos por entrar en los 30 años de la Gesta de Malvinas. Por lo que propongo como consigna: MALVINIZAR PARA ARGENTINIZAR !