El CFR es, sin duda, el núcleo principal del Poder Mundial que aspira al Nuevo Orden.
Es importante destacar aquí que ya no se trata de la acumulación de poder por parte de una Nación expansionista, paradigma perimido. Sino que como bien señala Adrián Salbuchi, asistimos a una verdadera privatización del poder. Se trata del supracapitalismo concentrado que maneja incluso a los Estados Nacionales (incluido EEUU).
Enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=UeB1jcd637w
Nota: Lamentablemente no logramos "abrir" la ventana para ver el video desde nuestra página pero no dejen de entrar a través del enlace que aquí les dejamos.
El video completo se llama "Sociedades Secretas", y habla del CFR, Comisión Trilateral, Bilderbers, Masonería y las logias universitarias de EEUU.
Imperdible.
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miércoles, mayo 29, 2013
domingo, marzo 10, 2013
Rockefeller...una dinastía que quiere controlar el mundo.
A confesión de parte...
Hoy nos toca dejar en evidencia a una de las dinastías más poderosas del mundo.
Uno de los hombres que aspira al fin de los Estado-Nación.
Y brega por el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial.
Parte de la sinarquía internacional.
Perón nos advirtió.
Hoy nos toca dejar en evidencia a una de las dinastías más poderosas del mundo.
Uno de los hombres que aspira al fin de los Estado-Nación.
Y brega por el establecimiento de un Nuevo Orden Mundial.
Parte de la sinarquía internacional.
Perón nos advirtió.
jueves, noviembre 24, 2011
La ORP defiende la vida y polemiza!

CAMPAÑA POR LA VIDA.
SI A LA VIDA, NO A LA CULTURA DE LA MUERTE
Algo debe andar mal…o tal vez no. Quizás es como reza el antiguo proverbio: “los extremos se tocan”.
Porque sino, cómo pueden explicar el MST, el PO, PST, ARI y demás fuerzas “progresistas”, con titulares de la Suprema Corte incluidos (caso Zaffaroni, Argibay Molina, etc), que sus planteos a favor del aborto estén perfectamente alineados con lo más rancio de la plutocracia internacional.
¿O acaso, los “progresistas” no están contra el supracapitalismo y el neoliberalismo?
¿O han leído mal, y aprendido peor, las ideas de Marx y Engels, acerca del Imperialismo?
¿Cómo pueden estar de acuerdo Diana Conti, Vilma Ripoll, Daniel Filmus, Vilma Ibarra, María José Lubertino, la CHA, y otros, con Rockefeller, la Ford Foundation, Bush, Mc Namara, Rostchild, Kissinger, entre tantos más?
La cultura de la muerte los une. ¿Solamente?
¿Pero estos sectores, no representan ideas antagónicas?
¿O definitivamente, son parte de un mismo proyecto sinárquico?
En fin, como sea, no debe dejar de ser llamativo para el común denominador de los argentinos, que sectores ideológicos que aparentan estar en polos opuestos, terminen apoyando una misma política.
Se trata de apoyar la despenalización del aborto, “libre y seguro”.
Pues bien, cándidamente me pregunto: ¿los simpatizantes de estas ideas saben quiénes son los que la financian?
Con un fin orientativo, pues algunos datos no están actualizados, aquí reproducimos un listado que puede dar una idea del poder económico que hay detrás del negocio/política del aborto.

Algunas de las Fundaciones que “hacen filantropía” para legalizar el asesinato de los niños por nacer son:
- Fundación David y Lucile Packard: En 1998 la Packard Foundation concedió un total de 51,7 millones de dólares para programas de población. La cantidad subió a 79 millones de dólares el siguiente año. Hacia el año 2000, no menos de 122,7 millones de dólares fueron a parar a 128 proyectos del área de población. El último dato que se puede ver al cotejar su página de Internet indica que en el 2007, invirtieron 37, 7 millones de dólares en diferentes planes de control demográfico. Se trata de una de las fundaciones que más dinero vuelca en los diversos planes de control de natalidad.
- Fundación Ford: Según su informe sobre subvenciones para el año 2000, un total de 88,5 millones de dólares se asignaron al apartado de desarrollo humano y salud reproductiva. Gran parte de este dinero se destinó para la promoción del aborto y anticonceptivos.
- Fundación Rockefeller: Ha destinado grandes sumas a la planificación familiar. Desde 1992 hasta 1998 destinó un total de 75 millones de dólares a grupos de investigación y organizaciones privadas para el desarrollo de anticonceptivos.
- Fundación Turner: El fundador de la CNN, Ted Turner, anunció su decisión de dar 100 millones de dólares cada año, durante la próxima década, a las Naciones Unidas para control de población. El pasado marzo, la fundación de Turner anunció que 100 millones de dólares, el 26% del dinero cedido hasta la fecha, había ido al área de mujer y población.
- Fundación Bill and Melinda Gates: La organización creada por el fundador de Microsoft, es también una gran promotora de la planificación familiar. En 1999, la Planned Parenthood Foundation of America recibió 5 millones de dólares, con otros 4,6 millones que se destinaron a las actividades de la International Planned Parenthood Federation (IPPF).
Según un estudio del Life Research Institute, publicado en Human Life Reports en agosto del 2000, las fundaciones destinaron un total de 128 millones y medio de dólares a la planificación familiar. Estos fondos se dividían en 66,2 millones de dólares para programas dentro de Estados Unidos, y 62,3 millones para el extranjero.
Ante la elocuencia de los números no creo que nadie pueda pensar que se invierten semejantes sumas de dinero sólo por “amor a la humanidad”. Por el contrario, la eugenesia, la disminución de la población, el control de natalidad y el aborto, son temas recurrentes y de orden prioritario en las reuniones anuales del Grupo Bilderberg, dónde los hombres y mujeres más poderosos del mundo se reúnen para trazar el mapa de la agenda política mundial.
En pocas palabras y a riesgo de simplificar el tema -si bien no es el objeto de este trabajo- se puede definir a los Bilderberg de la siguiente manera: La Enciclopedia Británica, única que lo registra, lo define brevemente así: “Conferencia de tres días a la que asisten cerca de 100 de los banqueros de Europa y Estados Unidos, economistas, políticos y líderes gubernamentales más influyentes. Se realiza cada año en un país occidental, en una atmósfera de rígido secreto”. El “club”, creado por el príncipe Bernardo de Holanda, en 1954, cuando se reunió por vez primera, contó con el apoyo de la banca Rothschild, de Nelson y David Rockefeller y del inefable Henry Kissinger, quienes no dejan de concurrir, desde la primera, a todas las reuniones.
Además de los mencionados Rockefeller, Kissinger, Ted Turner, Rostchild, son asiduos concurrentes a Bilderberg: George Bush (padre); Hillary Clinton; Donald Rumsfeld; Bill Clinton; Tony Blair; John Kerry (senador demócrata y ex candidato presidencial); Romano Prodi (Primer Ministro italiano); Kofi Annan, (ex secretario general de la ONU); Jean Claude Trichet (Banco Central Europeo); Alan Greenspan (Reserva Federal EE.UU.); George Soros (el millonario húngaro-americano que tiene muchos intereses en la Argentina); Bill Gates (el magnate de Microsoft), José María Aznar; Juan Luis Cebrián (también uno de los más frecuentes visitantes, propietario del Grupo PRISA, prensa española, donde no se ha publicado una palabra sobre las reuniones del Club); Rodrigo Rato (ex ministro de economía y ex director del FMI); la reina Beatriz de Holanda (hija del fundador del Club Bilderberg); el príncipe Philippe de Bélgica (su familia niega que pertenezca al Club); Jeroen van der Veer (Shell); Mario Monti (presidente de la Universidad Bocconi, de Milán, y miembro de la Comisión de Competencia de la Unión Europea); Giovanni Agnelli (presidente de Fiat, fallecido en 2003); Michel Camdessus (ex director del FMI); Etienne Davignon (vizconde belga y último presidente del Club); Lord Carrington (ex secretario general de la OTAN); el general Peter Sutherland (presidente de British Petroleum y ligado a Goldman Sachs); Karl Otto Pöhl (Bundesbank); James Wolfensohn (Banco Mundial); José Sócrates (primer ministro de Portugal); y Klaus Schwab (presidente del Foro de Davos).
Insisto en marcar la incongruencia de los sectores “progresistas” de nuestro país, quienes son funcionales a los intereses del supracapitalismo usurero financiero.
Para culminar, haré una breve reseña de la militancia activa en esta política neomalthusiana de George Busch (padre) y adjuntaré un documento periodístico, extraído del insospechado de ser nacionalista o católico; Página 12.
George Bush, en el año 1966 fue electo diputado por Texas. Durante sus cuatro años de mandato, el tema de control de la natalidad estuvo como centro de sus actividades. Como presidente del grupo de trabajo republicano sobre población y medio ambiente, Bush auspiciaba y organizaba reuniones y conferencias para que los más conocidos lobistas malthusianos fueran invitados a disertar, entre otros el General Draper, Paul Ehrlich –autor del libro “La bomba poblacional”, donde auspiciaba la esterilización en masa por medio de productos químicos en el agua potable-. En su labor parlamentaria Bush estaba empeñado en montar un programa de planeamiento familiar con el esquema y seriedad del que se usaba contra la polio. A su criterio era imperativo que se hiciese, no sólo para combatir la pobreza desde su raíz, sino para recortar gastos, y también para eliminar el “innecesario sufrimiento” de los niños indeseados y de los países con gran número de población. La lógica que utilizada es la misma que maneja todo el grupo globalista, sea el CFR, la TC, los Bilderberg, Foro de Davos, etc; “el dinero que se gasta en planeamiento familiar y en buenas investigaciones sobre el tema, a largo plazo economizarían los gastos de ayuda a los más necesitados”. Entre 1970 y 1972 Bush fue embajador estadounidense ante la ONU. En su primer discurso ante la Asamblea mencionó como sus principales objetivos la política demográfica y ambiental. De 1973 a 1976; fue embajador de EEUU en Pequín, China. De esta manera Bush se convirtió en uno de los principales expositores y portavoces de la política eugenésica que tuvo su máxima expresión en el Informe Kissinger. En este período fue nombrado director de la CIA; desde 1976 al 77, electo vicepresidente en 1981, y finalmente presidente, de Estados Unidos desde, 1989 a 1993. Fue él quien introdujo en los círculos del poder mundial a su hijo, quien gobernó EEUU en dos períodos, desde 2001 hasta el 2009.
En el 2003, el por entonces presidente Kirchner, visitó a Bush en su país. Este le regaló al presidente argentino, un libro de Malthus; sin duda toda una “bajada de línea” sobre la política que Argentina debía implementar en materia de población. Esta todo dicho…
FEDERICO GASTON ADDISI.-
Fuentes:
- RICCIARDELLI, Horacio; SCHMID, Luis, Los Protocolos de la Corona Británica, Buenos Aires, Editorial Struhart & Cia, 2004.
- SANAHUJA, Juan Claudio (Padre), El desarrollo sustentable, Buenos Aires, Vórtice, 2003.
- BOIXADOS, Alberto, El Nuevo Orden Mundial y el Movimiento de la New Age, Buenos Aires, Theoría, 1994.
- EIR, Máfia Verde, Río de Janeiro, Capax Dei, 2004.
http://www.fordfoundation.org/issues/sexuality-and-reproductive-health-and-rights
http://www.packard.org/searchGrants.aspx?RootCatID=3&CategoryID=226
http://www.turnerfoundation.org/grants/fa.asp
http://www.mov-condor.com.ar/documentos/club-bilderberg.htm
http://www.vidahumana.org/vidafam/muerte/consejo-poblacion.html
http://www.notivida.com.ar/
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-23298-2003-07-28.html
sábado, octubre 16, 2010
CARTA ABIERTA A LA DRA. CARMEN ARGIBAY MOLINA

Temperley, 7 de octubre de 2010
CARTA ABIERTA A LA DRA. CARMEN ARGIBAY MOLINA
CARTA ABIERTA A LA DRA. CARMEN ARGIBAY MOLINA
Por José Arturo Quarracino.
Estimada Jueza:
De mi mayor consideración:
Estimada Jueza:
De mi mayor consideración:
Días pasados, usted ha hecho pública una vez más su postura favorable a la despenalización total del aborto, argumentando entre otras cosas, que “el aborto es un derecho”[1], es decir, en otras palabras usted está afirmando que matar al propio hijo en el vientre materno es un derecho, o bien que la mujer tiene derecho a matar a su propio hijo, si no lo desea.
1. Resulta extraño que quien, como usted, tiene que velar por la vigencia plena y absoluta de la Carta Magna nacional haga una reivindicación o apología de un acto que la Constitución y el Código Penal de la Nación tipifican como un crimen. En este sentido, ¿no estamos en presencia de una especie de “esquizofrenia jurídica”, ya que lo que es un delito criminal contra la vida de una persona (Código Penal dixit[2]) al mismo tiempo es un “derecho”? ¿Cómo es esto que UN CRIMEN ES AL MISMO TIEMPO UN DERECHO? ¿Puede explicarlo? ¿Esto es lo que afirma la Constitución?
2. ¿Sería tan amable de especificar cuál Declaración de Naciones Unidas o cuál Tratado Internacional rubricado por nuestro país afirma explícitamente que “el aborto es un derecho”?
3. ¿”Despenalizar el aborto” como usted propone no significa reconocer que estamos en presencia de un crimen que no debe ser castigado ni penalizado?
4. Que el aborto es un crimen, una acción que mata o asesina a una persona en gestación lo reconoce y explicita el mismo Código Penal, ya que lo tipifica como un delito contra la vida de una persona (xxx). En este sentido, ¿no cree usted que en realidad y en esencia el aborto voluntario o a pedido es la aplicación de la pena de muerte = quitarle la vida a una persona? En tal caso, ¿por qué usted promueve que sea aplicable la pena de muerte contra los inocentes e indefensos y no contra los criminales que asesinan y matan?
5. ¿No es verdad que la Convención Americana de Derechos Humanos, incorporada como texto normativo a nuestra Constitución Nacional, ha instituido que “todo ser humano es persona”, que la pena de muerte “no podrá ser restablecida en los países que haya sido abolida” y que en caso de estar vigente, “no podrá aplicarse contra menores de 18 años ni contra mujeres embarazadas”?[3] Si así fuera, entonces NO SE PUEDE APLICAR LA PENA DE MUERTE CONTRA LOS SERES HUMANOS EN GESTACIÓN, ya que SON PERSONAS. En este sentido, ¿por qué usted propone algo que viola la normativa de este Pacto, el cual tiene rango y validez constitucional para nosotros?
6. ¿Sabe usted que quien instituyó “EL ABORTO COMO DERECHO” ya en 1973 fue JOHN DAVISON ROCKEFELLER III[4], personaje emblemático del Poder financiero especulativo internacional y de la plutocracia que se ha apoderado de las riquezas de naciones y pueblos enteros? Usted se pretende progresista, por eso no se entiende su coincidencia ideológica con este oligarca yanqui. Ante esta coincidencia, ¿es lícito o válido preguntarse si usted no le está dando rango supra-constitucional a su ideología antinatalista y genocida?
7. Si el aborto fuera un derecho, como usted dice, entonces el principio ético sobre el cual se basa y se funda es el que sostiene que “sólo deben ser traídos al mundo los hijos deseados o queridos”[5]. ¿Sabe usted que quien inventó este principio y su formulación fue este siniestro personaje? En este sentido, es inevitable preguntarse: ¿CÓMO ES QUE COINCIDEN IDEÓLOGICAMENTE PROGRESISMO Y PLUTOCRACIA? En concreto: ¿POR QUÉ USTED PIENSA IGUAL QUE LOS ROCKEFELLER?
8. ¿Sabe usted que el aborto a pedido y la anticoncepción (junto con la esterilización quirúrgica) es el “tríptico” diseñado y planificado por John Davison Rockefeller III e impulsado por sir Henry Kissinger en 1974, “para salvaguardar la seguridad nacional de Estados Unidos y sus intereses de ultramar”[6]? Que llamativo y sorprendente es que su propuesta progresista se inserte en el horizonte estratégico de la protección de la seguridad nacional… de Estados Unidos y de su expansión imperialista.
En este aspecto, ¿su labor como jueza de la Corte Suprema de la Nación no es la de proteger y garantizar la vigencia plena de la Constitución Nacional? En tal caso, ¿imponer en la vida jurídica de nuestra Patria la ideología antinatalista y genocida de un clan financiero e imperialista no atenta contra la Constitución Nacional?
A modo de síntesis, podría preguntarle por qué en este campo tan delicado SU PENSAMIENTO COINCIDE CON EL DEL CLAN ROCKFELLER. En otras palabras: ¿cómo se puede ser progresista y poner de manifiesto un pensamiento idéntico al de la oligarquía imperialista angloamericana? ¿Usted cree que vamos a poder ser un país soberano viviendo con una axiología oligarca y plutocrática? ¿Usted cree que podemos ser un país soberano otorgándole estatus supra-constitucional y democrático a la ideología antinatalista del clan Rockefeller? Sería bueno que explicara cómo.
La saludo atte.
[1] Diario Río Negro, «Jornadas Internacionales sobre Violencia de Género», 24 de agosto de 2010 (en en http://www.rionegro.com.ar/diario/rn/nota.aspx?idart=441663&idcat=9544&tipo=2).
[2] Código Penal de la Nación Argentina, Libro Segundo. De los delitos, Título I. Delitos contra las personas, Capítulo I. Delitos contra la vida.
[3] Convención Americana sobre Derechos Humanos (San José de Costa Rica, 1969), Parte Primera, Capítulo I, Artículo 1 § 2: «Para los efectos de esta convención, persona es todo ser humano»; Capítulo II, Articulo 3: «Toda persona tiene derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica»; Artículo 4 §§ 1, 3 y 5: «Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente», «No se restablecerá la pena de muerte en los Estados que la han abolido» y «No se impondrá la pena de muerte a personas que, en el momento de la comisión del delito, tuvieren menos de dieciocho años de edad o más de setenta, ni se le aplicará a las mujeres en estado de gravidez» respectivamente.
[4] John Davison Rockefeller III, The Second American Revolution. Some Personal Observations, New York 1973, Harper & Row Publishers, Part Two, VIII, p. 64. .
[5] Rockefeller Commission Report, Population and The American Future, New York 1972, Chapter 11. Es notable: en ninguna Constitución del mundo ni en ningún Código legal está formulado en forma explícita este principio inventado por Rockefeller, pero todas las leyes anticonceptivas y pro-abortistas se basan implícitamente en él.
[6] Memorando de Seguridad Nacional 200/74, rubricado por la Decisión Presidencial de Seguridad Nacional 3147/75, todavía hoy vigentes.
miércoles, febrero 11, 2009
UN MUNDO INFELIZ
UN MUNDO INFELIZ
por Claudio Díaz
(Una nueva religión: la del consumo)
(Una sola historia: la de los ganadores)
Abierta todos los días del año las 24 horas (y con la comodidad de tenerla en casa), hoy la televisión es la gran iglesia universal desde donde nos llega la “palabra divina”. Nunca como en estos tiempos ha sido tan despiadada la adoración al consumo que se nos inyecta desde la pantalla.
En las últimas temporadas fuimos televidentes de una publicidad en la que un padre que va de compras a un centro comercial (“salió de shopping”, diría la tilinguería), adquiere tantas cosas que los paquetes con regalos lo terminan transformando en una suerte de arbolito de Navidad. En ese momento, una criatura de 5 ó 6 años llega corriendo a su encuentro pero, claro, no sabe si esa figura impersonal que perdió su cara y hasta los brazos es realmente el padre. Porque el tema es que en esa galería comercial todos los hombres están comprando artículos de manera desenfrenada, o dicho de otra manera: están consumiendo. Y ningún pibe puede reconocer quién es quién. Corolario: a esos padres no le importa un cuerno sus hijos, esos seres mágicos que trajeron a la vida, sino que lo único que parece darles placer es la lujuria, la gula, la locura desenfrenada de comprar por comprar y tener. No importa qué; pero tener, poseer, acumular… Todo como símbolo de realización individual del nuevo orden moral de estos tiempos.
Otras publicidades inolvidables de estos tiempos son las del Banco Francés. ¿Recuerdan aquella de la pareja joven que discutía acerca de si convenía gastarse un dinero ahora, para un viaje de placer o el cambio de casa por un “cantry”? “Sí, vamos con todo para adelante” (terminan decidiendo), porque ambos “se ven” dentro de 30 años como viejos chotos que ya no pueden disfrutar de la vida. Porque allí se esconde el otro “mensaje”: después de los 60 ya no hay posibilidad de ser feliz en esta sociedad de consumo. La vida (lo materialista de la vida) es ahora y nunca más. No hay futuro, el éxito es hoy, con los cuerpos torneados del presente. Porque las arrugas, la panza y las canas o la calvicie son hijas de la derrota (este discurso es descendiente directo del poco delicado “coj… hoy que mañana se acaba el mundo”).
Una última muestra: la de unos tipos que están en situaciones límite (se salvan de morir ahogados o atropellados por un coche) y tras el susto lo primero y único que piden es ir al Banco Francés… ¡para sacar un préstamo! Mensaje: después de rozar la muerte, la vida merece vivirse nada más que para tener dinero y consumir. ¡Dios nos libre de esta religión!
Aunque nos lo quieren presentar con otro envoltorio, el de este nuevo siglo es un imperialismo integral, “entero”, que ya no sólo avanza para expoliar a pueblos de todo el planeta sino que ahora también pretende abarcar la totalidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte. No es un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos; o económico, como el de Gran Bretaña en el siglo XIX. La conquista ya no pasa tanto por la posesión u ocupación de territorios sino por el control de las ideas, el pensamiento de los pueblos y sus voluntades. Sin tantas armas, ahora se trata de ejercer el control de las almas.
Este nuevo imperialismo ya no es un Estado que somete a otro, o para decirlo con más precisión: una potencia que arrasa a un país “secundario”, ubicado en los arrabales del centro mundial. No, la pretendida dueña de todas las cosas es una elite casi anónima que no tiene nacionalidad (o sí: la de la “patria” del dinero). Esto le permite pasar por la calle relativamente tranquila, porque nadie conoce su rostro. En ausencia de un Estado (Gran Bretaña o Estados Unidos) de contornos visibles, nadie sabe quién es el responsable del sometimiento. Es multinacional el dominio. El poder, entonces, es anónimo, secreto. No lo fue Bush, quien en todo caso apenas actuó como uno de los comisarios del nuevo orden que llevó adelante la razzia que esa elite necesita seguir aplicando en algunos barrios del planeta, para ajustar el correcto funcionamiento de su sistema.
Alienados los pueblos por el veneno protestante y liberal, el nuevo orden necesita, por supuesto, “nuevos hombres”. Lavados de sus creencias tradicionales y de su moral sexual, familiar, social. Se busca hallar “consenso” para alcanzar un “equilibrio” terrorífico: mientras se descarta la vida para cientos de millones de seres humanos, se exalta y fomenta el culto al mercado, al hedonismo y al consumismo vacío entre los que todavía no se cayeron del mapa.
Un adelantado, Aldous Huxley, lo vio venir hacia 1930, cuando describió una democracia que era, al mismo tiempo, una dictadura perfecta; una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no soñarían con evadirse. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre: Un mundo feliz, tal como tituló a su obra el extraordinario novelista inglés.
Una sociedad (la que describía el autor) de tremenda actualidad, que utiliza todos los medios de la ciencia y la técnica –incluidas las drogas- para el condicionamiento y el control de las personas. En ese mundo, todos los chicos se fabrican en serie (son concebidos en probetas) sin tener que pasar por el vientre de su madre. Y están genéticamente condicionados para pertenecer a una de las cinco categorías de población. De la más inteligente a la más estúpida: los Alpha (la elite), los Betas (los ejecutantes, los gerentes), los Gammas (los empleados subalternos), los Deltas y los Epsilones (destinados a trabajos arduos). A los Alpha se los dota de genes perfectos, mientras que los de la clase Epsilon reciben menos oxígeno del debido con el propósito de obtener personas semi idiotas, infradotadas. Su fin: asegurar la estabilidad social.
La familia, como institución, ha sido abolida. La historia, el arte y la literatura han dejado de existir en ese mundo, dando lugar a la aparición de la música sintética y la televisión. La ciencia ha triunfado sobre la espiritualidad, de tal manera que el deterioro físico de los seres humanos, que ya hemos visto que son fabricados en laboratorios, puede detenerse artificialmente. Es esta una sociedad feliz, superficialmente feliz, en la que la gente está condicionada por los genes, el lavado de cerebro y las drogas. Los descontentos con el sistema son apartados de la “sociedad ideal” y confinados en colonias especiales donde se rodean de otras personas con similares “desviaciones”.
Los habitantes de ese mundo ideal dependen casi servilmente de una droga sintética, el Soma, que el propio Estado prescribe para poder manipular sus emociones y garantizarle la felicidad. La sociedad de consumo en su más crudo realismo. Pero en la novela no todo el mundo vive así. En algunas zonas del planeta han quedado reservas donde los “salvajes” siguen teniendo sus dioses y ritos espirituales, donde las familias continúan existiendo y donde los niños nacen de mujeres. Para odiar ese mundo y condenarlo como algo de la prehistoria (tal como hoy hacen los grandes medios de comunicación en manos del liberalismo), la elite de ese nuevo orden imaginado por Huxley crea el sistema de la hipnopedia, esto es: un proceso de aprendizaje ejercitado durante el sueño que consiste en la repetición constante de frases, de frases propagandísticas, que quedarán grabadas por el resto de la vida en cada habitante de ese “mundo feliz”.
¿No es la de Huxley la profecía de lo que vivimos a diario, cuando desde los artículos de diarios y revistas y sobre todo desde los medios masivos como la televisión y la radio escuchamos repetir los mismos conceptos, una y otra vez, para que al cabo de un brevísimo tiempo la gente que consume esos discursos los incorpore a su dieta y los repita, cual loros amaestrados, como verdades de Biblia?
Obsérvese además el mensaje-modelo de los veranos que se le hace llegar al público consumidor, con la televisión y la publicidad como sus centros de irradiación, que indican cómo adquirir la perfección estética y social desde una bebida o producto de venta. Como en la semblanza de Huxley, esa felicidad termina siendo el soma de los nuevos tiempos. La zanahoria cotidiana que permita mantenernos alejados de los interrogantes esenciales de la vida, de querer saber qué hay, realmente, detrás de toda esa pompa de jabón que nos hace creer que en verdad somos libres porque podemos elegir a qué playa ir y con qué cerveza invitar a la chica que queremos enamorar. Mientras jugamos a esas elecciones, la policía del pensamiento sigue desarrollando sus aparatitos de control remoto para saber qué sentimos, qué pensamos, qué buscamos, qué estamos dispuestos a hacer. George Orwell debe haber soñado con un tal Bill Gates cuando antes de 1950 escribió su certeramente profético Gran hermano.
Uno de los derviches del Gobierno Mundial proyectado, como ya tantas veces hemos contado, por la Comisión Trilateral de Rockefeller y Kissinger, le dio “forma” a los mínimos consensos que habría que obtener de cada país del planeta para que ese gobierno único, el del supracapitalismo, funcione más o menos bien. Estamos hablando del recientemente fallecido Samuel Hungtinton, quien en el capítulo 12 de su obra El choque de civilizaciones dice que “hay que tratar de inculcar y promover las características universales de la civilización”. Esto es: no respetar las idiosincrasias de cada civilización distinta sino buscar formas comunes para que en lugar de diversidad haya una uniformidad absoluta. Uniformidad en las creencias (y para eso se necesita de una nueva religión); en el pensamiento (para lo cual hace falta una sola historia); en los valores morales (para lo que se necesita el consumo y la posesión de cosas materiales como único camino de realización individual). Así se puede llegar a conformar la “nueva humanidad” que quiere el capitalismo neoimperial de las corporaciones sin rostro. Un mundo feliz… ¿Un mundo feliz?
NOTA DE P DE H: Es brillante el artículo del compañero Claudio Díaz. Y sobre todo, de una descarnada actualidad. Sólo nos resta mencionar que los autores mencionados (A Huxley, y G Orwell) fueron hombres vinculados de una u otra manera al supracapitalismo del Gobierno Unico que menciona el compañero Díaz. Respecto al nefasto "pensador" Samuel Huntington, agregamos que recientemente ha fallecido, y es seguro...no irá al Paraíso.
por Claudio Díaz
(Una nueva religión: la del consumo)
(Una sola historia: la de los ganadores)
Abierta todos los días del año las 24 horas (y con la comodidad de tenerla en casa), hoy la televisión es la gran iglesia universal desde donde nos llega la “palabra divina”. Nunca como en estos tiempos ha sido tan despiadada la adoración al consumo que se nos inyecta desde la pantalla.
En las últimas temporadas fuimos televidentes de una publicidad en la que un padre que va de compras a un centro comercial (“salió de shopping”, diría la tilinguería), adquiere tantas cosas que los paquetes con regalos lo terminan transformando en una suerte de arbolito de Navidad. En ese momento, una criatura de 5 ó 6 años llega corriendo a su encuentro pero, claro, no sabe si esa figura impersonal que perdió su cara y hasta los brazos es realmente el padre. Porque el tema es que en esa galería comercial todos los hombres están comprando artículos de manera desenfrenada, o dicho de otra manera: están consumiendo. Y ningún pibe puede reconocer quién es quién. Corolario: a esos padres no le importa un cuerno sus hijos, esos seres mágicos que trajeron a la vida, sino que lo único que parece darles placer es la lujuria, la gula, la locura desenfrenada de comprar por comprar y tener. No importa qué; pero tener, poseer, acumular… Todo como símbolo de realización individual del nuevo orden moral de estos tiempos.
Otras publicidades inolvidables de estos tiempos son las del Banco Francés. ¿Recuerdan aquella de la pareja joven que discutía acerca de si convenía gastarse un dinero ahora, para un viaje de placer o el cambio de casa por un “cantry”? “Sí, vamos con todo para adelante” (terminan decidiendo), porque ambos “se ven” dentro de 30 años como viejos chotos que ya no pueden disfrutar de la vida. Porque allí se esconde el otro “mensaje”: después de los 60 ya no hay posibilidad de ser feliz en esta sociedad de consumo. La vida (lo materialista de la vida) es ahora y nunca más. No hay futuro, el éxito es hoy, con los cuerpos torneados del presente. Porque las arrugas, la panza y las canas o la calvicie son hijas de la derrota (este discurso es descendiente directo del poco delicado “coj… hoy que mañana se acaba el mundo”).
Una última muestra: la de unos tipos que están en situaciones límite (se salvan de morir ahogados o atropellados por un coche) y tras el susto lo primero y único que piden es ir al Banco Francés… ¡para sacar un préstamo! Mensaje: después de rozar la muerte, la vida merece vivirse nada más que para tener dinero y consumir. ¡Dios nos libre de esta religión!
Aunque nos lo quieren presentar con otro envoltorio, el de este nuevo siglo es un imperialismo integral, “entero”, que ya no sólo avanza para expoliar a pueblos de todo el planeta sino que ahora también pretende abarcar la totalidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte. No es un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos; o económico, como el de Gran Bretaña en el siglo XIX. La conquista ya no pasa tanto por la posesión u ocupación de territorios sino por el control de las ideas, el pensamiento de los pueblos y sus voluntades. Sin tantas armas, ahora se trata de ejercer el control de las almas.
Este nuevo imperialismo ya no es un Estado que somete a otro, o para decirlo con más precisión: una potencia que arrasa a un país “secundario”, ubicado en los arrabales del centro mundial. No, la pretendida dueña de todas las cosas es una elite casi anónima que no tiene nacionalidad (o sí: la de la “patria” del dinero). Esto le permite pasar por la calle relativamente tranquila, porque nadie conoce su rostro. En ausencia de un Estado (Gran Bretaña o Estados Unidos) de contornos visibles, nadie sabe quién es el responsable del sometimiento. Es multinacional el dominio. El poder, entonces, es anónimo, secreto. No lo fue Bush, quien en todo caso apenas actuó como uno de los comisarios del nuevo orden que llevó adelante la razzia que esa elite necesita seguir aplicando en algunos barrios del planeta, para ajustar el correcto funcionamiento de su sistema.
Alienados los pueblos por el veneno protestante y liberal, el nuevo orden necesita, por supuesto, “nuevos hombres”. Lavados de sus creencias tradicionales y de su moral sexual, familiar, social. Se busca hallar “consenso” para alcanzar un “equilibrio” terrorífico: mientras se descarta la vida para cientos de millones de seres humanos, se exalta y fomenta el culto al mercado, al hedonismo y al consumismo vacío entre los que todavía no se cayeron del mapa.
Un adelantado, Aldous Huxley, lo vio venir hacia 1930, cuando describió una democracia que era, al mismo tiempo, una dictadura perfecta; una cárcel sin muros en la cual los prisioneros no soñarían con evadirse. Un sistema de esclavitud donde, gracias al sistema de consumo y el entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre: Un mundo feliz, tal como tituló a su obra el extraordinario novelista inglés.
Una sociedad (la que describía el autor) de tremenda actualidad, que utiliza todos los medios de la ciencia y la técnica –incluidas las drogas- para el condicionamiento y el control de las personas. En ese mundo, todos los chicos se fabrican en serie (son concebidos en probetas) sin tener que pasar por el vientre de su madre. Y están genéticamente condicionados para pertenecer a una de las cinco categorías de población. De la más inteligente a la más estúpida: los Alpha (la elite), los Betas (los ejecutantes, los gerentes), los Gammas (los empleados subalternos), los Deltas y los Epsilones (destinados a trabajos arduos). A los Alpha se los dota de genes perfectos, mientras que los de la clase Epsilon reciben menos oxígeno del debido con el propósito de obtener personas semi idiotas, infradotadas. Su fin: asegurar la estabilidad social.
La familia, como institución, ha sido abolida. La historia, el arte y la literatura han dejado de existir en ese mundo, dando lugar a la aparición de la música sintética y la televisión. La ciencia ha triunfado sobre la espiritualidad, de tal manera que el deterioro físico de los seres humanos, que ya hemos visto que son fabricados en laboratorios, puede detenerse artificialmente. Es esta una sociedad feliz, superficialmente feliz, en la que la gente está condicionada por los genes, el lavado de cerebro y las drogas. Los descontentos con el sistema son apartados de la “sociedad ideal” y confinados en colonias especiales donde se rodean de otras personas con similares “desviaciones”.
Los habitantes de ese mundo ideal dependen casi servilmente de una droga sintética, el Soma, que el propio Estado prescribe para poder manipular sus emociones y garantizarle la felicidad. La sociedad de consumo en su más crudo realismo. Pero en la novela no todo el mundo vive así. En algunas zonas del planeta han quedado reservas donde los “salvajes” siguen teniendo sus dioses y ritos espirituales, donde las familias continúan existiendo y donde los niños nacen de mujeres. Para odiar ese mundo y condenarlo como algo de la prehistoria (tal como hoy hacen los grandes medios de comunicación en manos del liberalismo), la elite de ese nuevo orden imaginado por Huxley crea el sistema de la hipnopedia, esto es: un proceso de aprendizaje ejercitado durante el sueño que consiste en la repetición constante de frases, de frases propagandísticas, que quedarán grabadas por el resto de la vida en cada habitante de ese “mundo feliz”.
¿No es la de Huxley la profecía de lo que vivimos a diario, cuando desde los artículos de diarios y revistas y sobre todo desde los medios masivos como la televisión y la radio escuchamos repetir los mismos conceptos, una y otra vez, para que al cabo de un brevísimo tiempo la gente que consume esos discursos los incorpore a su dieta y los repita, cual loros amaestrados, como verdades de Biblia?
Obsérvese además el mensaje-modelo de los veranos que se le hace llegar al público consumidor, con la televisión y la publicidad como sus centros de irradiación, que indican cómo adquirir la perfección estética y social desde una bebida o producto de venta. Como en la semblanza de Huxley, esa felicidad termina siendo el soma de los nuevos tiempos. La zanahoria cotidiana que permita mantenernos alejados de los interrogantes esenciales de la vida, de querer saber qué hay, realmente, detrás de toda esa pompa de jabón que nos hace creer que en verdad somos libres porque podemos elegir a qué playa ir y con qué cerveza invitar a la chica que queremos enamorar. Mientras jugamos a esas elecciones, la policía del pensamiento sigue desarrollando sus aparatitos de control remoto para saber qué sentimos, qué pensamos, qué buscamos, qué estamos dispuestos a hacer. George Orwell debe haber soñado con un tal Bill Gates cuando antes de 1950 escribió su certeramente profético Gran hermano.
Uno de los derviches del Gobierno Mundial proyectado, como ya tantas veces hemos contado, por la Comisión Trilateral de Rockefeller y Kissinger, le dio “forma” a los mínimos consensos que habría que obtener de cada país del planeta para que ese gobierno único, el del supracapitalismo, funcione más o menos bien. Estamos hablando del recientemente fallecido Samuel Hungtinton, quien en el capítulo 12 de su obra El choque de civilizaciones dice que “hay que tratar de inculcar y promover las características universales de la civilización”. Esto es: no respetar las idiosincrasias de cada civilización distinta sino buscar formas comunes para que en lugar de diversidad haya una uniformidad absoluta. Uniformidad en las creencias (y para eso se necesita de una nueva religión); en el pensamiento (para lo cual hace falta una sola historia); en los valores morales (para lo que se necesita el consumo y la posesión de cosas materiales como único camino de realización individual). Así se puede llegar a conformar la “nueva humanidad” que quiere el capitalismo neoimperial de las corporaciones sin rostro. Un mundo feliz… ¿Un mundo feliz?
NOTA DE P DE H: Es brillante el artículo del compañero Claudio Díaz. Y sobre todo, de una descarnada actualidad. Sólo nos resta mencionar que los autores mencionados (A Huxley, y G Orwell) fueron hombres vinculados de una u otra manera al supracapitalismo del Gobierno Unico que menciona el compañero Díaz. Respecto al nefasto "pensador" Samuel Huntington, agregamos que recientemente ha fallecido, y es seguro...no irá al Paraíso.
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viernes, octubre 10, 2008
Informe conjunto sobre la crisis financiera.
Comunicación Conjunta
Antón Pirulero, se afanaron el dinero.
Antón,
Antón,
Antón Pirulero,
cada cual,
cada cual
atiende su juego.
(Ronda infantil)
El soplido de la "burbuja"
Desde hace unos cuantos días los medios habituales de desinformación nos han estado saturando con lo que han denominado desaprensivamente "la crisis de la burbuja hipotecaria norteamericana".
A medida que vienen transcurriendo los días los acontecimientos negativos se suceden in crescendo y a ritmo de ametralladora.
Causa admiración contemplar a través de la noticia regimentada de los medios cómo se van derrumbando, cual fichas de dominó, muchas de las más sólidas instituciones bancarias de Europa y de los Estados Unidos.
La televisión principalmente aporta testimonios gráficos de escenas de pánico típicas de las grandes corridas bancarias acaecidas en los últimos siglos.
Se habla de la más fabulosa quiebra financiera de todos los tiempos, aún superior en sus devastadores efectos al famosísimo crack de la bolsa neoyorquina en 1929, acontecimiento aquél al que se culpa no sin razón de una tan severa desestabilización de la situación mundial que habría terminado desembocando en la segunda gran guerra de ese siglo.
No parece suficiente la devastación acaecida en estos pocos días por las quiebras bancarias y las bruscas caídas de las cotizaciones en las bolsas de valores, y ya están los analistas agoreros (augures de lo sucedido, mas nunca profetas de lo por suceder) pronosticando una vez más el fin del mundo conocido y el comienzo de una nueva era, previsiblemente peor.
Lo que la gente debe saber es que esto que está pasando en absoluto se lo puede calificar de crisis y que tampoco es el producto de una serie continuada de eventos desafortunados. Sino que es, lisa y llanamente, el resultado buscado y querido por un manojo de personalidades siniestras aglutinadas en organizaciones semisecretas, dependientes a su vez de mafias de secular actuación, que se proponen dominar el mundo y apoderarse de él, empezando por el dinero de la gente.
Desde luego, no nos estamos refiriendo ni en broma a los quiméricos enanitos verdes que pueblan la fantasía de millares de descerebrados que en el mundo son. Nos referimos a algo más concreto como es el visible establishment de los financistas especuladores que, a través del manejo criminal de la moneda de papel –a partir de su espuria creación por el Banco de Londres en el siglo 17– han venido trabajando solapadamente en procura de aquel fin escatológico-excrementicio.* Una finalidad que procura a la postre una sensible merma de la población mundial, que podría quedar reducida a la mitad de la cifra actual en base a guerras, hambruna, pestes, abortos y homosexualidad (tal cual lo proponía el protestante Mr. Malthus, actualizado por Henry Kissinger y su Memo 200 y llevado a la apoteosis de su consumación por estos cultores del "Nuevo Orden Mundial").
Dicho esto así, tan rotunda y escuetamente, parecería dar razón a quienes, interesadamente o no, consideran a los que hacemos este tipo de denuncias como unos consumados exponentes de la posmoderna "conspiranoia", algo así como paranoicos obsesionados por siniestras conspiraciones.
Ciertamente, no resulta fácil probar nuestras afirmaciones, especialmente cuando se nos niegan todos los medios ordinarios de difusión mediante los cuales llegar con nuestra voz a muchísima gente que atesora la misma información que nosotros reunimos y que podrían apoyar nuestra postura y ampliar el alcance de nuestras advertencias.
Haciendo lo que nos sea posible, desde esta modesta pero honrada plataforma informativa nosotros intentaremos mostrar las razones que nos asisten a todos cuantos, en el mundo, hemos transitado de la presunción a la evidencia de un plan mundial de dominación y de genocidio, puesto en marcha hace mucho tiempo y en la actualidad aparentemente enfilado a lograr su objetivo. El que quiera oír que oiga, el que quiera entender que entienda, el que quiera actuar que actúe; y los que no, que continúen con lo suyo sin preocuparse: total, lo que habrá de suceder sucederá. Dicho esto no porque seamos fatalistas al modo de otras religiones sino porque, como cristianos, tenemos la seguridad de que nada acaece en el mundo sin que Dios lo autorice. Y en última instancia, cumplimos con nuestro deber de librar el buen combate.
Precisamente porque tenemos fe en Dios y en el mensaje de salvación que Nuestro Señor Jesucristo nos transmite a través de su Santa Iglesia y que se expresa con rigor de verdad mediante el magisterio pontificio, es que no dudamos del triunfo final, esto es, estamos seguros de que los planes vesánicos de los enemigos de la humanidad van a yacer desbaratados cuando menos se lo espere –por su parte y por la nuestra–. Aunque nos tememos que a ello se arribará no sin mucho sufrimiento y mucha destrucción.
Hoy queremos simplemente esbozar nuestra convicción de lo que está sucediendo en el mundo, empezando en esta comunicación por exponer las verdaderas motivaciones y los verdaderos alcances de los acontecimientos actuales.
Cada cual a su juego: el honrado a trabajar, el banquero a robar
El hecho probado, innegable ya, de una inmensa y pesada "burbuja" especulativa mundial, constituida por una colosal parafernalia de elementos financieros reales y virtuales, que excediendo toda mesura y todo conato de control gravita de tal forma sobre la economía real de los pueblos, de modo que parece dar cumplimiento a la parábola del aleteo de la mariposa que provoca catástrofes en las antípodas, no parece sin embargo haber alcanzado mayor difusión a nivel del imaginario colectivo.
Dicho de otra forma, los hechos reales económicos y financieros del mundo son materia desconocida para la inmensa mayoría de la población. Y los especialistas que debido a su capacidad técnica e informativa tienen posibilidad de describir estos hechos, no están en condiciones –debido a que presumiblemente ellos también forman parte, por su actividad profesional y su dependencia económica o salarial, de los reductos empresarios y políticos alimentadores y beneficiarios de aquella burbuja– de advertir a nadie, so pena de su propia debacle personal. En primer término, porque ellos viven y prosperan a causa de esta anomalía y luego, porque saben que el más leve intento de su parte de combatirla, les acarreará las consiguientes, inapelables e inevitables consecuencias: los medios de difusión destruirán su prestigio con calumnias, los medios financieros los convertirán en parias incapaces de sostener su actividad económica, los círculos académicos los expulsarán de su seno o los aislarán convenientemente y nunca podrán descartar la posibilidad de que su automóvil sufra inopinadamente una falla mecánica de fatales consecuencias. (Vayan como ejemplos ilustrativos de la inexorable vendetta, el ostracismo al que condenaron al Nobel de Economía Joseph Stiglitz por sus denuncias contra el Fondo Monetario Internacional,** o la cárcel sufrida por Lyndon LaRouche durante el gobierno de Bush padre, por denunciar la entrega de los intereses vitales de los Estados Unidos al control de un eje anglo-sionista.)
Así por ejemplo, hemos visto días atrás en un programa televisivo de Buenos Aires al que había sido invitado el economista y político López Murphy, de qué manera éste se retorcía ante cámaras, con ademanes y visajes caricaturescos, intentando no contestar claramente una simple pregunta –inocentemente formulada, desde ya– de un periodista segundón: ¿Por qué el gobierno tiene que cubrir (esto es, pagar) con bonos de la deuda pública la emisión de dinero solicitado al Banco Central de la República, dado que éste es una institución oficial? Pregunta ésta que ningún economista de renombre puede responder con la verdad, esto es, que tal mecanismo de manejo monetario constituye el meollo de la colosal estafa a los pueblos llevada a cabo por la mafia bancaria internacional.
Los bancos centrales de los países, o de conjuntos de países como la Comunidad Europea, que oficialmente crean, custodian y destruyen la moneda de curso legal, ya fueren ellos organizaciones de índole pública (como el Banco Central argentino) o de naturaleza privada como la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Banco de Inglaterra o el Banco de Europa, en efecto se encuentran ligados por una trama espesa de obligaciones preestablecidas a través de diversos tratados y convenios sujetos al derecho internacional, que les otorgan un estatus especial y supraconstitucional a su favor.
Uno de los privilegios que les confiere su especial situación supralegal es el de no quedar sujetos a las órdenes y disposiciones del gobierno central ni de ninguno de sus organismos de control, gozando por tanto de una atípica y generalmente ignorada autarquía. Cuando el gobierno central (o, en el caso de las naciones que constituyen la Comunidad Europea, el gobierno de uno de esos países) requiere para el cumplimiento de sus actividades administrativas y sus políticas de conducción de determinadas sumas de dinero, fueren estas sumas cobrables en moneda corriente (billetes de banco), o exigibles mediante giros, disponibilidades electrónicamente accesibles o de otras formas, ese gobierno –el Secretario del Tesoro, el Ministro de Economía o funcionario que tuviese su cargo la transacción– deberá entregar simultáneamente una cifra igual en papeles oficiales de negocio (bonos de la deuda pública, obligaciones del Tesoro, etc.). Dicho de otra forma, los gobiernos están constreñidos a tener que comprar su dinero (hay muchos que lo denuncian, desde Silvio Gesell en adelante, pero uno de quienes más han advertido y con mayor acierto y penetración, de esta estafa colosal y anomalía incomprensible, fue el hace pocos años fallecido economista y jurista eminente italiano Giacinto Auriti).
Ahora bien: ¿y con qué dinero pagan los gobiernos sus compras y cumplen con sus obligaciones dinerarias? Por supuesto, con el dinero que le sustraen a la actividad productiva de la población sujeta a su gobierno. Y, por supuesto también, el mecanismo idóneo generalizado es la aplicación de exacciones impositivas.
De este modo, resulta patente que el recurso impositivo constituye en la práctica un instrumento de succión de la riqueza generada por el pueblo (particularmente inmoral cuando se verifica a través del más regresivo de los tipos de impuestos, que son los impuestos indirectos aplicados al consumo de bienes indispensables) para beneficiar a agraciados desconocidos.
Ello, sin hacer referencia al subproducto inevitable de esta maniobra que implica la duplicación de los valores dinerarios exigidos: como se ha visto, el requerimiento de una cantidad equis de moneda o dinero conlleva, en esta tan original operatoria, la creación espejada de otra cantidad igual. (Por ejemplo, el gobierno recibe mil millones en moneda o derechos de giro pero entrega simultáneamente otro tanto en obligaciones de la deuda pública.) De esta forma, la población tendrá que hacerse cargo, mediante las deducciones impositivas correspondientes, de la suma total emergente de esta operatoria, pero sólo se beneficiará, en forma eventual, del efecto positivo que putativamente hubiere podido crear la inyección monetaria en el desenvolvimiento de la economía real, de la mitad del dinero creado.
Por esta vía, los trabajadores (puesto que sólo ellos son capaces de crear la riqueza material producto de la economía real) resultan despojados lisa y llanamente de la mitad de sus bienes. Y éste no es, por supuesto, el único desapoderamiento a que son (a que somos) sometidos sino que hay otros, varios más, que constituyen materia de un estudio diferente.
Los banqueros, en este caso los que actúan a nivel de la creación, distribución y destrucción de la moneda –esto es, los responsables de los bancos de emisión y de tutela del flujo monetario– no son otra cosa que meros ladrones aunque de categoría superior: son los príncipes de los ladrones. Y quienes soportan sus desafueros, mantienen su augusto nivel de vida y pagan los platos rotos de sus festicholas y orgías tanto de consumo como financieras, son principalmente los hombres y mujeres que cada día laborable de la semana madrugan para salir de sus casas yendo a trabajar, soportando incomodidades y sufriendo privaciones, para producir los bienes y servicios que en su mayor parte terminarán de propiedad de los capitalistas (banqueros, especuladores, rentistas y propietarios de las empresas, junto con burócratas mamadores del presupuesto nacional).
Ésta es la verdad (o una de las verdades más evidentes) del mundo real actual. Y todas esas invocaciones a la libertad, la igualdad, la autodeterminación de los pueblos, la democracia representativa, los derechos humanos y demás copiosa retahíla de recursos propagandísticos, profusamente dispensados por los charlatanes a sueldo de los propietarios de los medios de difusión masiva, no son sino el Mátrix cotidiano que se cultiva en las mentes desprevenidas de las poblaciones, en forma coordinada a nivel mundial, para que nadie o casi nadie escape de sus alcances y para que todos permanezcamos en la ignorancia de lo que nos están haciendo.
Los "pobres" banqueros
De la misma índole criminal resulta este acontecimiento actual de la "burbuja hipotecaria". El mecanismo empleado para cumplimentar el arramble tumultuoso de sumas siderales de dinero propiedad de asalariados, jubilados, pequeños comerciantes e industriales, ínfimos ahorristas y desprevenidos inversores de todas las categorías, provocando de paso el caos productivo y el terror social de modo que causan la parálisis de las instituciones, la disminución de la actividad económica y la ruina financiera de la gente inocente, ha sido en los días pasados y seguirá siendo, sin duda, muy bien descrito por los gurúes económicos especializados en explicar el "después". Sin embargo, lo que está pasando no es algo inesperado ni que hubiese resultado imprevisible ante el análisis de los especialistas.
Por ejemplo, quien haya frecuentado la página web de Lyndon LaRouche desde varios años atrás (www.larouchepub.com/spanish/porlhl.html), habrá comprobado el cumplimiento de su virtual profecía advirtiendo que la desnaturalización de la actividad financiera por causa de la especulación avariciosa y la hipertrofia de los papeles de negocios, tenía necesariamente que culminar en una catástrofe de dimensiones planetarias, que involucrará desde la naturaleza torturada por la transgresión de todas las leyes de la ecología, hasta la desarticulación de sociedades enteras y la muerte literal y real de muchísimas personas, en mayor medida que a causa de la guerra.
Por supuesto que a LaRouche lo menospreciaron, lo insultaron y hasta lo metieron preso; pero nosotros estamos convencidos de que un luchador tan frontal y sincero como él no se irá a rebajar ahora a celebrar el triunfo de sus inquietantes predicciones científicamente fundadas, ni mucho menos irá a alegrarse de lo que le esté pasando a sus enemigos.
En la Argentina en particular, hace ya varios años que voces autorizadas han venido advirtiendo de lo mismo. Por sólo mencionar un ínfimo puñado de pensadores que nunca pretendieron ser adivinos ni profetas, sino meramente observadores de la realidad oculta por espesas capas de patraña institucionalizada, es preciso mencionar entre los que viven, nombres como Antonio Caponnetto, Sergio Cerón, Adrián Salbuchi, Dénes Martos, Santiago Roque Alonso, Walter A. Moore, Mario Cafiero y quedan en el tintero docenas de vigorosos denunciantes de la gran estafa mundial. Hasta dos economistas de notoria filiación kirchnerista y progres incurables como son los hermanos Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, de La Plata advirtieron, hace dos años más o menos, de una inminente operación norteamericana de "exportación de su deuda al resto del mundo", exponiendo datos que insinuaban su preparación. También nosotros (Falange Española y Movimiento Peronista Puerta de Hierro) hemos difundido el pensamiento de muchos de esos investigadores y el nuestro propio, generalmente coincidente, a través de nuestras respectivas publicaciones. A todo lo dicho, es preciso adjuntar el formidable testimonio que nos dejara el lamentablemente fallecido A. Olmos demostrando la intrínseca falsedad de la composición y monto de nuestra deuda externa (y por analogía, de la de los demás países sudamericanos).
De modo que la posibilidad no remota sino cercana de una debacle semejante, estuvo suficientemente anunciada respecto de quienes podían y debían hacer algo, desde sus cargos públicos, para impedirla o, al menos, para salvar a sus conciudadanos de sus consecuencias más destructivas. No lo hicieron los economistas de pluma de ganso, porque ellos están entongados en el sistema y por eso, entre otros beneficios tienen el de haber contado con la posibilidad de poner a salvo sus activos. Es proverbial que ninguno de ellos se ha quejado de que han perdido sus fortunas personales o buena parte de ellas a causa del pretendido "tsunami financiero" presente. No lo hicieron tampoco los gobiernos, pese a que, sin la menor duda al respecto, tenían que estar suficientemente informados, al menos los más altos funcionarios, de la evolución de esta pústula pestilente que finalmente reventó. La conjura de las complicidades es, indudablemente, muy fuerte y muy evidente.
En cuanto a los más encumbrados directores de los bancos fallidos que acaban de dejar en la calle a miles de sus empleados y en la intemperie más absoluta a millones de ciudadanos trabajadores, ellos confirmaron con censurable desaprensión y olímpico caradurismo que, al disolverse las entidades que magistralmente condujeron a la quiebra, les fueron pagadas indemnizaciones o quizá recompensas por sumas multimillonarias que en la mayoría de los casos los alejan de por vida de los avatares financieros del común de los mortales. Por ejemplo, Richard Severine Fuld, Jr., presidente del directorio de la fundida casa bancaria bisecular Lehman Brothers se embolsó, al cesar en su cargo, la bonita suma de 350 millones de dólares (que, por lo visto, han debido quedar fuera de la masa monetaria que se les esfumó a los depositantes e inversores de ese banco). Sumas crecientemente menores pero igualmente exorbitantes han sido percibidas por otros directores de casas bancarias quebradas. Robert Willumstadt, presidente del directorio y director general (CEO) de la banca de inversión AIG (American International Group), cobró por los tres últimos meses de su gestión la "pequeña" cifra de 7 millones de dólares...
Y a medida que se vaya investigando la situación financiera de los otros testaferros de los grandes banqueros ocultos (es decir de los demás directores de bancos quebrados o a punto de quebrar en los Estados Unidos y en Europa principalmente, aunque también en todo resto del mundo) se podrá comprobar el cumplimiento del régimen de recompensas o indemnizaciones a favor de quienes precisamente condujeron y produjeron el desastre. De ese régimen participan también millares de altos ejecutivos, que se fueron a casa pero con los bolsillos bien llenos. ¿Dónde cobijarán su dinero, en las actuales circunstancias? Seguramente donde lo pondrán a salvo también los beneficiarios mayores de la sedicente "crisis". (¿Hay pánico bancario en Suiza, por favor?)
Literalmente billones (en la nomenclatura europea no en la anglosajona, es decir millones de millones) de dólares se han esfumado. Pero ¿existían realmente esos millones? No en su totalidad, aunque sí en buena parte, dependiendo según los casos de los grados de hipertrofia o multiplicación anormal de los activos financieros fabricados, respecto de las riquezas verdaderas producto de la economía real. Lo cierto es que millones de personas, algunas –las menos– por su propia voluntad y ambición de ganancias y otras –la mayoría– por estar en situación de rehenes del sistema económico financiero institucionalizado, lo han perdido todo o casi todo. Por ejemplo, esos padres y madres de familia que durante décadas habían venido ahorrando pequeñas sumas mensuales para construir un acervo suficiente a fin de que sus hijos pudieran concurrir en su momento a la Universidad; o aquellos otros que ahorraron con denuedo para prevenir la ancianidad y cubrirla con el seguro de un retiro jubilatorio y de salud; otros que fueron juntando sumas sustraídas a la satisfacción de mayores comodidades para formar un capitalito que les permitiese prosperar o encarrilar a sus hijos en la vida, y tantísimas otras situaciones contemplables de gentes que confiaron a los bancos, no a la timba bursátil, el resguardo y el mantenimiento del valor sus ahorros, se enteran ahora de que esas entidades financieras sin siquiera consultarles pusieron esos ahorros, mediante sus "fondos de inversión", en empréstitos hipotecarios de alto riesgo (sub prime) y que por tal causa acaban de perderlo todo. Encima de tal desgracia, seguramente que muchos de esos despojados ahorristas y pequeños inversionistas, a causa del desbarajuste producido en la economía de sus países, perderán sus empleos o deberán malvender sus viviendas o verán quebrar sus pequeños negocios.
Y para coronar tanta ruina, siendo que los Estados Unidos, el Japón, la China y los países de Europa más florecientes constituyen en conjunto la única locomotora existente de la economía mundial y del comercio internacional, estando en crisis sus sistemas productivos y sus finanzas, se verán constreñidos a reducir su producción y consumo. Siendo esos mismos países los principales importadores de las producciones generalmente primarias de las naciones menos favorecidas o del "Tercer Mundo", que sobreviven a duras penas vendiéndoles a las más opulentas ya fueren insumos industriales o productos alimenticios cuyo consumo se retacea y aún se impide a sus propias poblaciones, al reducir sus importaciones condenan al caos y a la destrucción social a esos países pobres, que carecen de un suficiente mercado interno.
De este modo, la avaricia fraudulenta y predadora de unos pocos causa múltiples aunque opuestas consecuencias: al par que tales degenerados se enriquecen extraordinariamente arribando a niveles crematísticos realmente dislocados, (y de esta manera se va incrementando una concentración de poder no sólo financiero sino también económico, que les permite agregar aún más influencia política y militar de la que ya tenían y los acerca peligrosamente al dominio absoluto sobre 6 mil millones de seres humanos), muchos de éstos quedan por la misma causa reducidos aún más a la impotencia, a la insolvencia y hasta a la inanición, y sus países, notoriamente más vulnerables a la penetración imperialista. Negocio redondo.
No queremos insistir más, en esta declaración conjunta, sobre las causas poco conocidas y los efectos demasiado previsibles de esta tormenta desatada tan aviesamente sobre el mundo y por tanto, sobre la Argentina.
Sí nos parece necesario avisar a nuestros coterráneos y advertir especialmente a los funcionarios del inepto gobierno nacional y de los muy cuestionables gobiernos provinciales argentinos, que si insisten en permanecer actuando dentro del modelo progresista o neomarxista pergeñado por consultores foráneos y aplicado por ellos a ciegas, y que en circunstancias normales culminaría en fracaso –que tal es no sólo su virtualidad sino también los designios de sus arquitectos– ahora, con lo que está pasando y con lo que con seguridad va a acaecer desde próximamente se van a verificar en el país consecuencias de tan grave jaez que, producirán un daño irreversible a la integridad de la patria y a la salud y la vida de millones de argentinos.
Aún estamos a tiempo de levantar defensas que hiendan las olas gigantescas del maremoto virtual forjado por las finanzas matreras, debilitándolas y atemperando su poder destructivo.
Para ello se requiere apelar a las reservas morales de la nación (que no están, precisamente, abroqueladas en los comités partidarios ni en las logias masónicas sino en la generalidad del pueblo argentino y en lo que queda en pie de la demolición de sus más señeras instituciones).
Idea que, mucho nos lo tememos, resulta sumamente improbable de penetrar en los duros corazones y en los petrificados cerebros de la oligarquía argentina, compuesta en partes proporcionales por industriales y comerciantes estafadores de antigua solera, políticos moralmente podridos hasta el tuétano de sus almas, profesionales atenidos exclusivamente a su propio provecho con olvido de la función social de sus profesiones, sacerdotes más dispuestos a humillarse ante los poderosos del mundo contemporizando con sus excesos que a hincar la rodilla ante la Sagrada Forma y proclamar el Evangelio, comunicadores sociales que ofrecen su discurso al mejor postor, y otras varias especies de la fauna predadora que tienen cercada a la población y cuyo modus vivendi consiste en exprimirle crecientemente cuanto ha logrado en base a su trabajo y su ahorro, sin proporcionarles a cambio reparo alguno material ni consuelo espiritual.
Así, pues, nada de "crisis" sino "decisión estafatoria"
Dios es Todo, el dinero es nada.
(S. S. el papa actual Benedicto XVI)
Este asunto de la "burbuja hipotecaria" trasciende el tema estrictamente del negocio de los bienes raíces, para consistir en una especulación irresponsable cuyo resultado es tan previsible como el del otrora famoso juego de "la cadena del dólar": llegará un momento en que la cadena de pagos se cortará inexorablemente, y los primeros que cobraron salvarán su dinero y los demás, jamás lo podrán recuperar. Es una cuestión matemática: no se puede agarrar lo que no existe.
De donde se puede fácilmente deducir que los iniciadores de tan previsible juego de buen comienzo y mal fin, no pueden alegar inocencia ni, mucho menos, ignorancia de las consecuencias.
Hace ya bastante tiempo que los analistas serios de las malandanzas especulativas se percataron de que los norteamericanos son eximios cultores de estas modalidades estafatorias, lo que unido a su indudable poder económico y militar, les permite en primer término engatusar a los crédulos de este mundo acerca de su solidez moral y de su riqueza real. Así, los convierten a su original religión secular cuyos postulados principales son la Libertad, la Democracia, los Derechos Humanos, el Capitalismo, el Voluntarismo, el Relativismo Moral, el Aborcio (derecho al aborto y al divorcio en un solo paquete) etcétera. Los creyentes catequizados por el norteamericanismo, y los vivillos que simulan su conversión, de consuno están o simulan estar, en cada caso, dispuestos a depositar su fe en los máximos mentores de la democracia y del republicanismo. Les conceden no sólo su confianza sino también su dinero. Y –cosa que sólo es posible entre creyentes fundamentalistas o pichicateros empedernidos– aunque terminen desplumados igual continuarán salmodiando las letanías de las bondades de la Gran Democracia del Norte (lo mismo que los droguetas alaban la sustancia que los consume).
Recordamos que Bernardo Neustadt, antiguo masón mano derecha del masón almirante Teissaire (que fue quien organizó el asalto y quema de templos católicos en Buenos Aires en 1954 con la finalidad de desestabilizar el gobierno –del que él mismo era el vicepresidente– y provocar la reacción antigubernamental de una ciudadanía mayoritariamente católica), ya viejo y consolidado en su papel de "comunicador social televisivo" acostumbraba repetir con desparpajo ante las cámaras que la expresión típicamente norteamericana que resumía y condensaba los méritos y éxito de su sistema productivo y financiero, era la conocida frase: "Estás despedido". La consideraba el epítome de su triunfo y liderazgo mundiales, por cuanto resume, según creía, el concepto de libertad. En fin…
Lo cierto es que los norteamericanos tienen montado un sistema de "predicadores" quintacolumnistas en todos los países, lo que les permite preparar de antemano la exportación de sus pérdidas, quiebras y equivocaciones a otros pueblos. El instrumento principal aunque no el único de su hábil accionar son las Bolsas de Valores. Les venden a los infinitos incautos del mundo sus papeles de escaso valor (desde el dólar hasta las acciones de empresas multinacionales que no les pertenecen pero que negocian), les cobran en sólidos bienes importables o en sólidas inversiones (generalmente en bienes raíces) y cuando los papeles se hacen humo, esfumando con ellos los haberes de los inversionistas, se limitan a salvar a SUS bancos, a SUS demás instituciones financieras y a una parte de SUS connacionales especuladores. Los crédulos incautos se quedan con las pérdidas y el dudoso honor de haber sido limados por tan eximios timadores profesionales.
El actual "tsunami financiero" (sic) no es sino un episodio más de la pasada del trapo por la mesa que con tanta destreza estafatoria practican los anglosajones, tal que ni las migas se dejan.
Es por eso que decimos inicialmente que aquí no hay una crisis, puesto que ésta es simplemente un momento de decisión –en sí mismo ni malo ni bueno, tan sólo una alternativa y jamás un dilema; y lo que se presentó y saltó a las primeras planas de los diarios y a los más vistos noticieros televisivos, no fue ningún momento de decisión sino una decisión consumada: millones de personas se quedaron sin su dinero y cientos de miles sin su trabajo, y la saga continúa ("más noticias luego de la pausa comercial").
(Sin duda, nuestra advertencia también continuará.)
Federico Gastón Addisi
Organización Peronista Puerta de Hierro
Director
Héctor Osvaldo Pérez Vázquez
Falange Española de las JONS
Delegado (Bs. As)
*La adjetivación corresponde, ya que lo escatológico tanto se puede referir a la ultratumba (no es el caso aquí) como a las suciedades y los excrementos.
**Stiglitz es otro "agorero" al que tienen que descalificar porque, sin perjuicio de haber encajado las zancadillas y los golpes que le pasaron a raíz de su denuncia contra el FMI, ha vuelto a la carga y en marzo de este año, hace tan poco, ya anunciaba lo que iba a pasar y está ahora mismo sucediendo, y decía que "la actual crisis financiera –aquí está bien hablar de una crisis, porque se refiere al orden financiero internacional establecido– es la peor desde la Gran Depresión" (de la que los Estados Unidos salieron, decimos nosotros, apelando a su intervención en la guerra mundial). "Más de dos millones de estadounidenses –continúa diciendo Stiglitz en el mismo artículo publicado– van a perder sus casas porque no pueden pagar sus créditos", proponiendo como solución en ese momento "que el gobierno estadounidense ayudase a reducir el monto de las hipotecas hasta el 90 por ciento del valor de una vivienda, lo que permitiría a la gente a conservar sus propiedades". Por supuesto, nadie le prestó oídos: ni los que podrían haber salvado sus bienes con esa medida, ni por supuesto, quienes querían que los perdieran para apoderarse de ellos…
Antón Pirulero, se afanaron el dinero.
Antón,
Antón,
Antón Pirulero,
cada cual,
cada cual
atiende su juego.
(Ronda infantil)
El soplido de la "burbuja"
Desde hace unos cuantos días los medios habituales de desinformación nos han estado saturando con lo que han denominado desaprensivamente "la crisis de la burbuja hipotecaria norteamericana".
A medida que vienen transcurriendo los días los acontecimientos negativos se suceden in crescendo y a ritmo de ametralladora.
Causa admiración contemplar a través de la noticia regimentada de los medios cómo se van derrumbando, cual fichas de dominó, muchas de las más sólidas instituciones bancarias de Europa y de los Estados Unidos.
La televisión principalmente aporta testimonios gráficos de escenas de pánico típicas de las grandes corridas bancarias acaecidas en los últimos siglos.
Se habla de la más fabulosa quiebra financiera de todos los tiempos, aún superior en sus devastadores efectos al famosísimo crack de la bolsa neoyorquina en 1929, acontecimiento aquél al que se culpa no sin razón de una tan severa desestabilización de la situación mundial que habría terminado desembocando en la segunda gran guerra de ese siglo.
No parece suficiente la devastación acaecida en estos pocos días por las quiebras bancarias y las bruscas caídas de las cotizaciones en las bolsas de valores, y ya están los analistas agoreros (augures de lo sucedido, mas nunca profetas de lo por suceder) pronosticando una vez más el fin del mundo conocido y el comienzo de una nueva era, previsiblemente peor.
Lo que la gente debe saber es que esto que está pasando en absoluto se lo puede calificar de crisis y que tampoco es el producto de una serie continuada de eventos desafortunados. Sino que es, lisa y llanamente, el resultado buscado y querido por un manojo de personalidades siniestras aglutinadas en organizaciones semisecretas, dependientes a su vez de mafias de secular actuación, que se proponen dominar el mundo y apoderarse de él, empezando por el dinero de la gente.
Desde luego, no nos estamos refiriendo ni en broma a los quiméricos enanitos verdes que pueblan la fantasía de millares de descerebrados que en el mundo son. Nos referimos a algo más concreto como es el visible establishment de los financistas especuladores que, a través del manejo criminal de la moneda de papel –a partir de su espuria creación por el Banco de Londres en el siglo 17– han venido trabajando solapadamente en procura de aquel fin escatológico-excrementicio.* Una finalidad que procura a la postre una sensible merma de la población mundial, que podría quedar reducida a la mitad de la cifra actual en base a guerras, hambruna, pestes, abortos y homosexualidad (tal cual lo proponía el protestante Mr. Malthus, actualizado por Henry Kissinger y su Memo 200 y llevado a la apoteosis de su consumación por estos cultores del "Nuevo Orden Mundial").
Dicho esto así, tan rotunda y escuetamente, parecería dar razón a quienes, interesadamente o no, consideran a los que hacemos este tipo de denuncias como unos consumados exponentes de la posmoderna "conspiranoia", algo así como paranoicos obsesionados por siniestras conspiraciones.
Ciertamente, no resulta fácil probar nuestras afirmaciones, especialmente cuando se nos niegan todos los medios ordinarios de difusión mediante los cuales llegar con nuestra voz a muchísima gente que atesora la misma información que nosotros reunimos y que podrían apoyar nuestra postura y ampliar el alcance de nuestras advertencias.
Haciendo lo que nos sea posible, desde esta modesta pero honrada plataforma informativa nosotros intentaremos mostrar las razones que nos asisten a todos cuantos, en el mundo, hemos transitado de la presunción a la evidencia de un plan mundial de dominación y de genocidio, puesto en marcha hace mucho tiempo y en la actualidad aparentemente enfilado a lograr su objetivo. El que quiera oír que oiga, el que quiera entender que entienda, el que quiera actuar que actúe; y los que no, que continúen con lo suyo sin preocuparse: total, lo que habrá de suceder sucederá. Dicho esto no porque seamos fatalistas al modo de otras religiones sino porque, como cristianos, tenemos la seguridad de que nada acaece en el mundo sin que Dios lo autorice. Y en última instancia, cumplimos con nuestro deber de librar el buen combate.
Precisamente porque tenemos fe en Dios y en el mensaje de salvación que Nuestro Señor Jesucristo nos transmite a través de su Santa Iglesia y que se expresa con rigor de verdad mediante el magisterio pontificio, es que no dudamos del triunfo final, esto es, estamos seguros de que los planes vesánicos de los enemigos de la humanidad van a yacer desbaratados cuando menos se lo espere –por su parte y por la nuestra–. Aunque nos tememos que a ello se arribará no sin mucho sufrimiento y mucha destrucción.
Hoy queremos simplemente esbozar nuestra convicción de lo que está sucediendo en el mundo, empezando en esta comunicación por exponer las verdaderas motivaciones y los verdaderos alcances de los acontecimientos actuales.
Cada cual a su juego: el honrado a trabajar, el banquero a robar
El hecho probado, innegable ya, de una inmensa y pesada "burbuja" especulativa mundial, constituida por una colosal parafernalia de elementos financieros reales y virtuales, que excediendo toda mesura y todo conato de control gravita de tal forma sobre la economía real de los pueblos, de modo que parece dar cumplimiento a la parábola del aleteo de la mariposa que provoca catástrofes en las antípodas, no parece sin embargo haber alcanzado mayor difusión a nivel del imaginario colectivo.
Dicho de otra forma, los hechos reales económicos y financieros del mundo son materia desconocida para la inmensa mayoría de la población. Y los especialistas que debido a su capacidad técnica e informativa tienen posibilidad de describir estos hechos, no están en condiciones –debido a que presumiblemente ellos también forman parte, por su actividad profesional y su dependencia económica o salarial, de los reductos empresarios y políticos alimentadores y beneficiarios de aquella burbuja– de advertir a nadie, so pena de su propia debacle personal. En primer término, porque ellos viven y prosperan a causa de esta anomalía y luego, porque saben que el más leve intento de su parte de combatirla, les acarreará las consiguientes, inapelables e inevitables consecuencias: los medios de difusión destruirán su prestigio con calumnias, los medios financieros los convertirán en parias incapaces de sostener su actividad económica, los círculos académicos los expulsarán de su seno o los aislarán convenientemente y nunca podrán descartar la posibilidad de que su automóvil sufra inopinadamente una falla mecánica de fatales consecuencias. (Vayan como ejemplos ilustrativos de la inexorable vendetta, el ostracismo al que condenaron al Nobel de Economía Joseph Stiglitz por sus denuncias contra el Fondo Monetario Internacional,** o la cárcel sufrida por Lyndon LaRouche durante el gobierno de Bush padre, por denunciar la entrega de los intereses vitales de los Estados Unidos al control de un eje anglo-sionista.)
Así por ejemplo, hemos visto días atrás en un programa televisivo de Buenos Aires al que había sido invitado el economista y político López Murphy, de qué manera éste se retorcía ante cámaras, con ademanes y visajes caricaturescos, intentando no contestar claramente una simple pregunta –inocentemente formulada, desde ya– de un periodista segundón: ¿Por qué el gobierno tiene que cubrir (esto es, pagar) con bonos de la deuda pública la emisión de dinero solicitado al Banco Central de la República, dado que éste es una institución oficial? Pregunta ésta que ningún economista de renombre puede responder con la verdad, esto es, que tal mecanismo de manejo monetario constituye el meollo de la colosal estafa a los pueblos llevada a cabo por la mafia bancaria internacional.
Los bancos centrales de los países, o de conjuntos de países como la Comunidad Europea, que oficialmente crean, custodian y destruyen la moneda de curso legal, ya fueren ellos organizaciones de índole pública (como el Banco Central argentino) o de naturaleza privada como la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Banco de Inglaterra o el Banco de Europa, en efecto se encuentran ligados por una trama espesa de obligaciones preestablecidas a través de diversos tratados y convenios sujetos al derecho internacional, que les otorgan un estatus especial y supraconstitucional a su favor.
Uno de los privilegios que les confiere su especial situación supralegal es el de no quedar sujetos a las órdenes y disposiciones del gobierno central ni de ninguno de sus organismos de control, gozando por tanto de una atípica y generalmente ignorada autarquía. Cuando el gobierno central (o, en el caso de las naciones que constituyen la Comunidad Europea, el gobierno de uno de esos países) requiere para el cumplimiento de sus actividades administrativas y sus políticas de conducción de determinadas sumas de dinero, fueren estas sumas cobrables en moneda corriente (billetes de banco), o exigibles mediante giros, disponibilidades electrónicamente accesibles o de otras formas, ese gobierno –el Secretario del Tesoro, el Ministro de Economía o funcionario que tuviese su cargo la transacción– deberá entregar simultáneamente una cifra igual en papeles oficiales de negocio (bonos de la deuda pública, obligaciones del Tesoro, etc.). Dicho de otra forma, los gobiernos están constreñidos a tener que comprar su dinero (hay muchos que lo denuncian, desde Silvio Gesell en adelante, pero uno de quienes más han advertido y con mayor acierto y penetración, de esta estafa colosal y anomalía incomprensible, fue el hace pocos años fallecido economista y jurista eminente italiano Giacinto Auriti).
Ahora bien: ¿y con qué dinero pagan los gobiernos sus compras y cumplen con sus obligaciones dinerarias? Por supuesto, con el dinero que le sustraen a la actividad productiva de la población sujeta a su gobierno. Y, por supuesto también, el mecanismo idóneo generalizado es la aplicación de exacciones impositivas.
De este modo, resulta patente que el recurso impositivo constituye en la práctica un instrumento de succión de la riqueza generada por el pueblo (particularmente inmoral cuando se verifica a través del más regresivo de los tipos de impuestos, que son los impuestos indirectos aplicados al consumo de bienes indispensables) para beneficiar a agraciados desconocidos.
Ello, sin hacer referencia al subproducto inevitable de esta maniobra que implica la duplicación de los valores dinerarios exigidos: como se ha visto, el requerimiento de una cantidad equis de moneda o dinero conlleva, en esta tan original operatoria, la creación espejada de otra cantidad igual. (Por ejemplo, el gobierno recibe mil millones en moneda o derechos de giro pero entrega simultáneamente otro tanto en obligaciones de la deuda pública.) De esta forma, la población tendrá que hacerse cargo, mediante las deducciones impositivas correspondientes, de la suma total emergente de esta operatoria, pero sólo se beneficiará, en forma eventual, del efecto positivo que putativamente hubiere podido crear la inyección monetaria en el desenvolvimiento de la economía real, de la mitad del dinero creado.
Por esta vía, los trabajadores (puesto que sólo ellos son capaces de crear la riqueza material producto de la economía real) resultan despojados lisa y llanamente de la mitad de sus bienes. Y éste no es, por supuesto, el único desapoderamiento a que son (a que somos) sometidos sino que hay otros, varios más, que constituyen materia de un estudio diferente.
Los banqueros, en este caso los que actúan a nivel de la creación, distribución y destrucción de la moneda –esto es, los responsables de los bancos de emisión y de tutela del flujo monetario– no son otra cosa que meros ladrones aunque de categoría superior: son los príncipes de los ladrones. Y quienes soportan sus desafueros, mantienen su augusto nivel de vida y pagan los platos rotos de sus festicholas y orgías tanto de consumo como financieras, son principalmente los hombres y mujeres que cada día laborable de la semana madrugan para salir de sus casas yendo a trabajar, soportando incomodidades y sufriendo privaciones, para producir los bienes y servicios que en su mayor parte terminarán de propiedad de los capitalistas (banqueros, especuladores, rentistas y propietarios de las empresas, junto con burócratas mamadores del presupuesto nacional).
Ésta es la verdad (o una de las verdades más evidentes) del mundo real actual. Y todas esas invocaciones a la libertad, la igualdad, la autodeterminación de los pueblos, la democracia representativa, los derechos humanos y demás copiosa retahíla de recursos propagandísticos, profusamente dispensados por los charlatanes a sueldo de los propietarios de los medios de difusión masiva, no son sino el Mátrix cotidiano que se cultiva en las mentes desprevenidas de las poblaciones, en forma coordinada a nivel mundial, para que nadie o casi nadie escape de sus alcances y para que todos permanezcamos en la ignorancia de lo que nos están haciendo.
Los "pobres" banqueros
De la misma índole criminal resulta este acontecimiento actual de la "burbuja hipotecaria". El mecanismo empleado para cumplimentar el arramble tumultuoso de sumas siderales de dinero propiedad de asalariados, jubilados, pequeños comerciantes e industriales, ínfimos ahorristas y desprevenidos inversores de todas las categorías, provocando de paso el caos productivo y el terror social de modo que causan la parálisis de las instituciones, la disminución de la actividad económica y la ruina financiera de la gente inocente, ha sido en los días pasados y seguirá siendo, sin duda, muy bien descrito por los gurúes económicos especializados en explicar el "después". Sin embargo, lo que está pasando no es algo inesperado ni que hubiese resultado imprevisible ante el análisis de los especialistas.
Por ejemplo, quien haya frecuentado la página web de Lyndon LaRouche desde varios años atrás (www.larouchepub.com/spanish/porlhl.html), habrá comprobado el cumplimiento de su virtual profecía advirtiendo que la desnaturalización de la actividad financiera por causa de la especulación avariciosa y la hipertrofia de los papeles de negocios, tenía necesariamente que culminar en una catástrofe de dimensiones planetarias, que involucrará desde la naturaleza torturada por la transgresión de todas las leyes de la ecología, hasta la desarticulación de sociedades enteras y la muerte literal y real de muchísimas personas, en mayor medida que a causa de la guerra.
Por supuesto que a LaRouche lo menospreciaron, lo insultaron y hasta lo metieron preso; pero nosotros estamos convencidos de que un luchador tan frontal y sincero como él no se irá a rebajar ahora a celebrar el triunfo de sus inquietantes predicciones científicamente fundadas, ni mucho menos irá a alegrarse de lo que le esté pasando a sus enemigos.
En la Argentina en particular, hace ya varios años que voces autorizadas han venido advirtiendo de lo mismo. Por sólo mencionar un ínfimo puñado de pensadores que nunca pretendieron ser adivinos ni profetas, sino meramente observadores de la realidad oculta por espesas capas de patraña institucionalizada, es preciso mencionar entre los que viven, nombres como Antonio Caponnetto, Sergio Cerón, Adrián Salbuchi, Dénes Martos, Santiago Roque Alonso, Walter A. Moore, Mario Cafiero y quedan en el tintero docenas de vigorosos denunciantes de la gran estafa mundial. Hasta dos economistas de notoria filiación kirchnerista y progres incurables como son los hermanos Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, de La Plata advirtieron, hace dos años más o menos, de una inminente operación norteamericana de "exportación de su deuda al resto del mundo", exponiendo datos que insinuaban su preparación. También nosotros (Falange Española y Movimiento Peronista Puerta de Hierro) hemos difundido el pensamiento de muchos de esos investigadores y el nuestro propio, generalmente coincidente, a través de nuestras respectivas publicaciones. A todo lo dicho, es preciso adjuntar el formidable testimonio que nos dejara el lamentablemente fallecido A. Olmos demostrando la intrínseca falsedad de la composición y monto de nuestra deuda externa (y por analogía, de la de los demás países sudamericanos).
De modo que la posibilidad no remota sino cercana de una debacle semejante, estuvo suficientemente anunciada respecto de quienes podían y debían hacer algo, desde sus cargos públicos, para impedirla o, al menos, para salvar a sus conciudadanos de sus consecuencias más destructivas. No lo hicieron los economistas de pluma de ganso, porque ellos están entongados en el sistema y por eso, entre otros beneficios tienen el de haber contado con la posibilidad de poner a salvo sus activos. Es proverbial que ninguno de ellos se ha quejado de que han perdido sus fortunas personales o buena parte de ellas a causa del pretendido "tsunami financiero" presente. No lo hicieron tampoco los gobiernos, pese a que, sin la menor duda al respecto, tenían que estar suficientemente informados, al menos los más altos funcionarios, de la evolución de esta pústula pestilente que finalmente reventó. La conjura de las complicidades es, indudablemente, muy fuerte y muy evidente.
En cuanto a los más encumbrados directores de los bancos fallidos que acaban de dejar en la calle a miles de sus empleados y en la intemperie más absoluta a millones de ciudadanos trabajadores, ellos confirmaron con censurable desaprensión y olímpico caradurismo que, al disolverse las entidades que magistralmente condujeron a la quiebra, les fueron pagadas indemnizaciones o quizá recompensas por sumas multimillonarias que en la mayoría de los casos los alejan de por vida de los avatares financieros del común de los mortales. Por ejemplo, Richard Severine Fuld, Jr., presidente del directorio de la fundida casa bancaria bisecular Lehman Brothers se embolsó, al cesar en su cargo, la bonita suma de 350 millones de dólares (que, por lo visto, han debido quedar fuera de la masa monetaria que se les esfumó a los depositantes e inversores de ese banco). Sumas crecientemente menores pero igualmente exorbitantes han sido percibidas por otros directores de casas bancarias quebradas. Robert Willumstadt, presidente del directorio y director general (CEO) de la banca de inversión AIG (American International Group), cobró por los tres últimos meses de su gestión la "pequeña" cifra de 7 millones de dólares...
Y a medida que se vaya investigando la situación financiera de los otros testaferros de los grandes banqueros ocultos (es decir de los demás directores de bancos quebrados o a punto de quebrar en los Estados Unidos y en Europa principalmente, aunque también en todo resto del mundo) se podrá comprobar el cumplimiento del régimen de recompensas o indemnizaciones a favor de quienes precisamente condujeron y produjeron el desastre. De ese régimen participan también millares de altos ejecutivos, que se fueron a casa pero con los bolsillos bien llenos. ¿Dónde cobijarán su dinero, en las actuales circunstancias? Seguramente donde lo pondrán a salvo también los beneficiarios mayores de la sedicente "crisis". (¿Hay pánico bancario en Suiza, por favor?)
Literalmente billones (en la nomenclatura europea no en la anglosajona, es decir millones de millones) de dólares se han esfumado. Pero ¿existían realmente esos millones? No en su totalidad, aunque sí en buena parte, dependiendo según los casos de los grados de hipertrofia o multiplicación anormal de los activos financieros fabricados, respecto de las riquezas verdaderas producto de la economía real. Lo cierto es que millones de personas, algunas –las menos– por su propia voluntad y ambición de ganancias y otras –la mayoría– por estar en situación de rehenes del sistema económico financiero institucionalizado, lo han perdido todo o casi todo. Por ejemplo, esos padres y madres de familia que durante décadas habían venido ahorrando pequeñas sumas mensuales para construir un acervo suficiente a fin de que sus hijos pudieran concurrir en su momento a la Universidad; o aquellos otros que ahorraron con denuedo para prevenir la ancianidad y cubrirla con el seguro de un retiro jubilatorio y de salud; otros que fueron juntando sumas sustraídas a la satisfacción de mayores comodidades para formar un capitalito que les permitiese prosperar o encarrilar a sus hijos en la vida, y tantísimas otras situaciones contemplables de gentes que confiaron a los bancos, no a la timba bursátil, el resguardo y el mantenimiento del valor sus ahorros, se enteran ahora de que esas entidades financieras sin siquiera consultarles pusieron esos ahorros, mediante sus "fondos de inversión", en empréstitos hipotecarios de alto riesgo (sub prime) y que por tal causa acaban de perderlo todo. Encima de tal desgracia, seguramente que muchos de esos despojados ahorristas y pequeños inversionistas, a causa del desbarajuste producido en la economía de sus países, perderán sus empleos o deberán malvender sus viviendas o verán quebrar sus pequeños negocios.
Y para coronar tanta ruina, siendo que los Estados Unidos, el Japón, la China y los países de Europa más florecientes constituyen en conjunto la única locomotora existente de la economía mundial y del comercio internacional, estando en crisis sus sistemas productivos y sus finanzas, se verán constreñidos a reducir su producción y consumo. Siendo esos mismos países los principales importadores de las producciones generalmente primarias de las naciones menos favorecidas o del "Tercer Mundo", que sobreviven a duras penas vendiéndoles a las más opulentas ya fueren insumos industriales o productos alimenticios cuyo consumo se retacea y aún se impide a sus propias poblaciones, al reducir sus importaciones condenan al caos y a la destrucción social a esos países pobres, que carecen de un suficiente mercado interno.
De este modo, la avaricia fraudulenta y predadora de unos pocos causa múltiples aunque opuestas consecuencias: al par que tales degenerados se enriquecen extraordinariamente arribando a niveles crematísticos realmente dislocados, (y de esta manera se va incrementando una concentración de poder no sólo financiero sino también económico, que les permite agregar aún más influencia política y militar de la que ya tenían y los acerca peligrosamente al dominio absoluto sobre 6 mil millones de seres humanos), muchos de éstos quedan por la misma causa reducidos aún más a la impotencia, a la insolvencia y hasta a la inanición, y sus países, notoriamente más vulnerables a la penetración imperialista. Negocio redondo.
No queremos insistir más, en esta declaración conjunta, sobre las causas poco conocidas y los efectos demasiado previsibles de esta tormenta desatada tan aviesamente sobre el mundo y por tanto, sobre la Argentina.
Sí nos parece necesario avisar a nuestros coterráneos y advertir especialmente a los funcionarios del inepto gobierno nacional y de los muy cuestionables gobiernos provinciales argentinos, que si insisten en permanecer actuando dentro del modelo progresista o neomarxista pergeñado por consultores foráneos y aplicado por ellos a ciegas, y que en circunstancias normales culminaría en fracaso –que tal es no sólo su virtualidad sino también los designios de sus arquitectos– ahora, con lo que está pasando y con lo que con seguridad va a acaecer desde próximamente se van a verificar en el país consecuencias de tan grave jaez que, producirán un daño irreversible a la integridad de la patria y a la salud y la vida de millones de argentinos.
Aún estamos a tiempo de levantar defensas que hiendan las olas gigantescas del maremoto virtual forjado por las finanzas matreras, debilitándolas y atemperando su poder destructivo.
Para ello se requiere apelar a las reservas morales de la nación (que no están, precisamente, abroqueladas en los comités partidarios ni en las logias masónicas sino en la generalidad del pueblo argentino y en lo que queda en pie de la demolición de sus más señeras instituciones).
Idea que, mucho nos lo tememos, resulta sumamente improbable de penetrar en los duros corazones y en los petrificados cerebros de la oligarquía argentina, compuesta en partes proporcionales por industriales y comerciantes estafadores de antigua solera, políticos moralmente podridos hasta el tuétano de sus almas, profesionales atenidos exclusivamente a su propio provecho con olvido de la función social de sus profesiones, sacerdotes más dispuestos a humillarse ante los poderosos del mundo contemporizando con sus excesos que a hincar la rodilla ante la Sagrada Forma y proclamar el Evangelio, comunicadores sociales que ofrecen su discurso al mejor postor, y otras varias especies de la fauna predadora que tienen cercada a la población y cuyo modus vivendi consiste en exprimirle crecientemente cuanto ha logrado en base a su trabajo y su ahorro, sin proporcionarles a cambio reparo alguno material ni consuelo espiritual.
Así, pues, nada de "crisis" sino "decisión estafatoria"
Dios es Todo, el dinero es nada.
(S. S. el papa actual Benedicto XVI)
Este asunto de la "burbuja hipotecaria" trasciende el tema estrictamente del negocio de los bienes raíces, para consistir en una especulación irresponsable cuyo resultado es tan previsible como el del otrora famoso juego de "la cadena del dólar": llegará un momento en que la cadena de pagos se cortará inexorablemente, y los primeros que cobraron salvarán su dinero y los demás, jamás lo podrán recuperar. Es una cuestión matemática: no se puede agarrar lo que no existe.
De donde se puede fácilmente deducir que los iniciadores de tan previsible juego de buen comienzo y mal fin, no pueden alegar inocencia ni, mucho menos, ignorancia de las consecuencias.
Hace ya bastante tiempo que los analistas serios de las malandanzas especulativas se percataron de que los norteamericanos son eximios cultores de estas modalidades estafatorias, lo que unido a su indudable poder económico y militar, les permite en primer término engatusar a los crédulos de este mundo acerca de su solidez moral y de su riqueza real. Así, los convierten a su original religión secular cuyos postulados principales son la Libertad, la Democracia, los Derechos Humanos, el Capitalismo, el Voluntarismo, el Relativismo Moral, el Aborcio (derecho al aborto y al divorcio en un solo paquete) etcétera. Los creyentes catequizados por el norteamericanismo, y los vivillos que simulan su conversión, de consuno están o simulan estar, en cada caso, dispuestos a depositar su fe en los máximos mentores de la democracia y del republicanismo. Les conceden no sólo su confianza sino también su dinero. Y –cosa que sólo es posible entre creyentes fundamentalistas o pichicateros empedernidos– aunque terminen desplumados igual continuarán salmodiando las letanías de las bondades de la Gran Democracia del Norte (lo mismo que los droguetas alaban la sustancia que los consume).
Recordamos que Bernardo Neustadt, antiguo masón mano derecha del masón almirante Teissaire (que fue quien organizó el asalto y quema de templos católicos en Buenos Aires en 1954 con la finalidad de desestabilizar el gobierno –del que él mismo era el vicepresidente– y provocar la reacción antigubernamental de una ciudadanía mayoritariamente católica), ya viejo y consolidado en su papel de "comunicador social televisivo" acostumbraba repetir con desparpajo ante las cámaras que la expresión típicamente norteamericana que resumía y condensaba los méritos y éxito de su sistema productivo y financiero, era la conocida frase: "Estás despedido". La consideraba el epítome de su triunfo y liderazgo mundiales, por cuanto resume, según creía, el concepto de libertad. En fin…
Lo cierto es que los norteamericanos tienen montado un sistema de "predicadores" quintacolumnistas en todos los países, lo que les permite preparar de antemano la exportación de sus pérdidas, quiebras y equivocaciones a otros pueblos. El instrumento principal aunque no el único de su hábil accionar son las Bolsas de Valores. Les venden a los infinitos incautos del mundo sus papeles de escaso valor (desde el dólar hasta las acciones de empresas multinacionales que no les pertenecen pero que negocian), les cobran en sólidos bienes importables o en sólidas inversiones (generalmente en bienes raíces) y cuando los papeles se hacen humo, esfumando con ellos los haberes de los inversionistas, se limitan a salvar a SUS bancos, a SUS demás instituciones financieras y a una parte de SUS connacionales especuladores. Los crédulos incautos se quedan con las pérdidas y el dudoso honor de haber sido limados por tan eximios timadores profesionales.
El actual "tsunami financiero" (sic) no es sino un episodio más de la pasada del trapo por la mesa que con tanta destreza estafatoria practican los anglosajones, tal que ni las migas se dejan.
Es por eso que decimos inicialmente que aquí no hay una crisis, puesto que ésta es simplemente un momento de decisión –en sí mismo ni malo ni bueno, tan sólo una alternativa y jamás un dilema; y lo que se presentó y saltó a las primeras planas de los diarios y a los más vistos noticieros televisivos, no fue ningún momento de decisión sino una decisión consumada: millones de personas se quedaron sin su dinero y cientos de miles sin su trabajo, y la saga continúa ("más noticias luego de la pausa comercial").
(Sin duda, nuestra advertencia también continuará.)
Federico Gastón Addisi
Organización Peronista Puerta de Hierro
Director
Héctor Osvaldo Pérez Vázquez
Falange Española de las JONS
Delegado (Bs. As)
*La adjetivación corresponde, ya que lo escatológico tanto se puede referir a la ultratumba (no es el caso aquí) como a las suciedades y los excrementos.
**Stiglitz es otro "agorero" al que tienen que descalificar porque, sin perjuicio de haber encajado las zancadillas y los golpes que le pasaron a raíz de su denuncia contra el FMI, ha vuelto a la carga y en marzo de este año, hace tan poco, ya anunciaba lo que iba a pasar y está ahora mismo sucediendo, y decía que "la actual crisis financiera –aquí está bien hablar de una crisis, porque se refiere al orden financiero internacional establecido– es la peor desde la Gran Depresión" (de la que los Estados Unidos salieron, decimos nosotros, apelando a su intervención en la guerra mundial). "Más de dos millones de estadounidenses –continúa diciendo Stiglitz en el mismo artículo publicado– van a perder sus casas porque no pueden pagar sus créditos", proponiendo como solución en ese momento "que el gobierno estadounidense ayudase a reducir el monto de las hipotecas hasta el 90 por ciento del valor de una vivienda, lo que permitiría a la gente a conservar sus propiedades". Por supuesto, nadie le prestó oídos: ni los que podrían haber salvado sus bienes con esa medida, ni por supuesto, quienes querían que los perdieran para apoderarse de ellos…
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martes, julio 08, 2008
ONU: EL REGRESO DE MALTHUS.
NOTICIAS GLOBALES, Año XI. Número 781, 30/08. Gacetilla nº 905. Buenos Aires, 7 julio 2008
Fuentes al pie. Por Juan C. Sanahuja
Ban Ki-moon: Malthus vuelve a estar de moda. Los Objetivos del Milenio para el Desarrollo y la cultura de la muerte.
Malthus vuelve a estar de moda
El diario The Washington Post publicó el pasado 3 de julio una declaración Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, preparatoria de la Cumbre del Grupo de los 8 (G-8), que se desarrollará en Tokio del 7 al 9 de julio.
“El cambio climático -dice Ki-moon- y la degradación del medioambiente amenazan el futuro de nuestro planeta. El crecimiento de la población y el aumento del bienestar producen una tensión sin precedentes sobre los recursos de la Tierra. Malthus vuelve a estar de moda. Todo parece repentinamente achicarse, la energía, el aire limpio y el agua fresca, todo esto que nos alimenta y sostiene nuestra moderna forma de vida”.
El tema central de la Cumbre será “una acción global para salvar el crecimiento global”, se entiende, según lo dicho por el Secretario General, que preocupan el desarrollo y el crecimiento de los ricos y que la ONU y los países centrales seguirán castrando a los pobres.
Reunión de Parlamentarios
Como prólogo de la Cumbre se reunió la Conferencia Internacional de Parlamentarios del G8 sobre Población y Desarrollo (Tokio, del 2 al 3 de julio). Participaron el Fondo para la Población de la ONU (UNFPA), el Banco Mundial y los grupos parlamentarios de Población y Desarrollo de los cinco continentes. Estos grupos dependen de la IPPF, la multinacional del aborto y la perversión de menores, que tuvo también sus representantes en la reunión.
Como no cabía de esperar otra cosa en la conferencia se decidió enfocar bajo el prisma de la salud reproductiva (eufemismo de aborto químico y quirúrgico) las Metas u Objetivos del Milenio para el Desarrollo, el Cambio Climático, los problemas de población y la Seguridad Alimentaria Mundial, (vid. NG 722, 836, 846, 854).
La declaración del Fondo para la Población
En su declaración el Fondo para la Población de la ONU dice: “El Grupo de los Ocho (G-8) deberá considerar seriamente los problemas de población, cuando delibere sobre la seguridad alimentaria, el cambio climático y las muertes maternas”. (…)
“Reduciendo los embarazos no deseados (eufemismo de aborto), expandiendo el acceso a la salud reproductiva (aborto encubierto), incluyendo la planificación familiar (otro eufemismo de aborto), ayudaremos a los países a lograr la 5ª Meta del Milenio para el Desarrollo sobre salud materna” (...).
El G-8 lo componen Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia. FIN, 07-07-08
Fuentes: Propias; UNFPA NEWS, Tokyo, Japan, 02-07-08; UN NEWS, New York, 02-07-08; G8International Parliamentarians’ Conference on Population & Sustainable Development, Global Health, Climate Change & Food Security, JPFP. 2-3 July 2008 Tokyo, Japan.
NOTA DE P DE H: Nada podíamos esperar de la ONU, verdadero brazo visible de la sinarquia internacional, tal cual, lo enseñara el Gral Perón. La vigencia de Malthus es total, lamentablemente, y se entronca en relación directa con el tristemente célebre Memo 200, o Informe Kissinger, que proponía la supresión biológica, el aborto y el contro de natalidad en los países en vías de desarrollo como forma de preservar los intereses de los poderosos. Desde acá damos nuevamente el alerta.
Fuentes al pie. Por Juan C. Sanahuja
Ban Ki-moon: Malthus vuelve a estar de moda. Los Objetivos del Milenio para el Desarrollo y la cultura de la muerte.
Malthus vuelve a estar de moda
El diario The Washington Post publicó el pasado 3 de julio una declaración Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, preparatoria de la Cumbre del Grupo de los 8 (G-8), que se desarrollará en Tokio del 7 al 9 de julio.
“El cambio climático -dice Ki-moon- y la degradación del medioambiente amenazan el futuro de nuestro planeta. El crecimiento de la población y el aumento del bienestar producen una tensión sin precedentes sobre los recursos de la Tierra. Malthus vuelve a estar de moda. Todo parece repentinamente achicarse, la energía, el aire limpio y el agua fresca, todo esto que nos alimenta y sostiene nuestra moderna forma de vida”.
El tema central de la Cumbre será “una acción global para salvar el crecimiento global”, se entiende, según lo dicho por el Secretario General, que preocupan el desarrollo y el crecimiento de los ricos y que la ONU y los países centrales seguirán castrando a los pobres.
Reunión de Parlamentarios
Como prólogo de la Cumbre se reunió la Conferencia Internacional de Parlamentarios del G8 sobre Población y Desarrollo (Tokio, del 2 al 3 de julio). Participaron el Fondo para la Población de la ONU (UNFPA), el Banco Mundial y los grupos parlamentarios de Población y Desarrollo de los cinco continentes. Estos grupos dependen de la IPPF, la multinacional del aborto y la perversión de menores, que tuvo también sus representantes en la reunión.
Como no cabía de esperar otra cosa en la conferencia se decidió enfocar bajo el prisma de la salud reproductiva (eufemismo de aborto químico y quirúrgico) las Metas u Objetivos del Milenio para el Desarrollo, el Cambio Climático, los problemas de población y la Seguridad Alimentaria Mundial, (vid. NG 722, 836, 846, 854).
La declaración del Fondo para la Población
En su declaración el Fondo para la Población de la ONU dice: “El Grupo de los Ocho (G-8) deberá considerar seriamente los problemas de población, cuando delibere sobre la seguridad alimentaria, el cambio climático y las muertes maternas”. (…)
“Reduciendo los embarazos no deseados (eufemismo de aborto), expandiendo el acceso a la salud reproductiva (aborto encubierto), incluyendo la planificación familiar (otro eufemismo de aborto), ayudaremos a los países a lograr la 5ª Meta del Milenio para el Desarrollo sobre salud materna” (...).
El G-8 lo componen Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia. FIN, 07-07-08
Fuentes: Propias; UNFPA NEWS, Tokyo, Japan, 02-07-08; UN NEWS, New York, 02-07-08; G8International Parliamentarians’ Conference on Population & Sustainable Development, Global Health, Climate Change & Food Security, JPFP. 2-3 July 2008 Tokyo, Japan.
NOTA DE P DE H: Nada podíamos esperar de la ONU, verdadero brazo visible de la sinarquia internacional, tal cual, lo enseñara el Gral Perón. La vigencia de Malthus es total, lamentablemente, y se entronca en relación directa con el tristemente célebre Memo 200, o Informe Kissinger, que proponía la supresión biológica, el aborto y el contro de natalidad en los países en vías de desarrollo como forma de preservar los intereses de los poderosos. Desde acá damos nuevamente el alerta.
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lunes, agosto 13, 2007
EE.UU. y Rusia, hoy como ayer, obligados a cooperar
(Clarín, 13 de agosto del 2007).
Henry Kissinger EX SECRETARIO DE ESTADO NORTEAMERICANO
Las pulseadas entre las dos superpotencias enfrentadas en la Guerra Fría obedecen a una lógica sobre la que ambas están, en realidad, básicamente de acuerdo.
El debate sobre la defensa misilística, que tiene casi cincuenta años, se reabrió como consecuencia del plan de instalar elementos de la defensa misilística estadounidense en la República Checa y Polonia. Los conocidos argumentos de la Guerra Fría resurgieron en momentos en que Rusia desafía la necesidad de esa instalación y afirma que la misma tiene por objeto superar las fuerzas estratégicas rusas en lugar de hacer frente a las amenazas iraníes, como sostiene el gobierno de los Estados Unidos.
Sin embargo, a la invectiva se suma que el Kremlin también presentó una audaz iniciativa para crear una colaboración sin precedentes entre la OTAN y Rusia a los efectos de resistir la amenaza nuclear de Irán. El aspecto del debate relacionado con la Guerra Fría se remonta a un tema que desvela a los estrategas desde el advenimiento de las armas nucleares: si a partir de las consecuencias catastróficas de una guerra nuclear se puede elaborar una estrategia militar a la que una sociedad pueda sobrevivir.
Durante la Guerra Fría, la doctrina estratégica estadounidense dominante buscaba disuadir a través de la capacidad de aniquilación mutua. Sin embargo, cuando la estimación de las víctimas de la estrategia de destrucción mutua asegurada (MAD) llegó a las decenas de millones, los gobiernos retrocedieron ante las implicaciones de lo que sus planificadores habían forjado.
El advenimiento de los misiles balísticos en la década de 1960 generó presiones respecto de una defensa contra la nueva amenaza. En la práctica, sólo los Estados Unidos y la Unión Soviética tenían la capacidad militar para desarrollar lo que podía compararse con derribar el equivalente de una bala en el espacio, y sólo los Estados Unidos tenían la capacidad industrial de producirlo en términos globales.
En las décadas siguientes, el contexto internacional experimentó un gran cambio y obligó a reconsiderar las decisiones anteriores. En primer lugar, la desintegración de la Unión Soviética eliminó en un futuro inmediato la base conceptual de la doctrina MAD.
En segundo término, el progreso técnico hizo que la defensa misilística fuera una perspectiva mucho más realista. En tercer lugar, la proliferación de armas nucleares y tecnología de misiles generó peligros sin precedentes de lanzamientos accidentales o por parte de Estados belicosos. También estaba en juego un tema moral. ¿Cómo podía un presidente explicar, luego de hasta el más limitado de los ataques nucleares, por qué, estando en posesión de una tecnología plausible para mitigar sus consecuencias o para evitarlas, había optado por dejar a la población desprotegida?
Esas consideraciones convencieron al gobierno de Bush de retirarse del tratado de ABM en 2002 para iniciar la construcción de un sistema global de defensa misilística que apuntara a superar ataques limitados, sobre todo procedentes de Estados belicosos. Las instalaciones comenzaron en Alaska, y se están integrando al sistema algunas estaciones de radar existentes en otros lugares. El emplazamiento de un radar en la República Checa y de una serie reducida de interceptores en Polonia serían las primeras nuevas instalaciones fuera de los Estados Unidos pensadas de forma explícita para la defensa misilística.
Rusia, que aceptó la retirada del tratado de ABM en 2002 con escasa o ninguna controversia, reaccionó de inmediato a las instalaciones en Polonia y la República Checa. Eso no debería sorprender a nadie. Moscú siempre dio muestras de gran interés en la defensa misilística. De hecho, la Unión Soviética fue pionera en la instalación de defensa misilística alrededor de Moscú a mediados de los años 60.
El diálogo actual entre Rusia y los Estados Unidos, por lo tanto, reitera en parte un patrón tradicional. Sus implicaciones, sin embargo, van mucho allá de las consideraciones estratégicas. En la conducta del presidente Vladimir Putin está implícito un profundo resentimiento respecto del avance del establishment militar de la OTAN hacia las fronteras de Rusia sin respetar lo que Moscú considera garantías de que eso no sucedería, sobre todo en lo relativo a la tecnología militar avanzada.
Las tácticas de Moscú reflejan su retórica. Lanzó una intensa campaña diplomática destinada a presionar a la OTAN y a los Estados Unidos para que eliminaran la instalación de una defensa misilística en Europa Central. Retiró sus promesas anteriores de que ninguno de los misiles de Rusia apuntaría a territorio de la OTAN.
Pero hay elementos que implican una actitud más constructiva. Putin hizo una propuesta que tiene mucha importancia a largo plazo: vincular las instalaciones de radar de rastreo de misiles existentes en Azerbaiyán, o las que se proyecta en el sur de Rusia, con el sistema de defensa misilística de la OTAN y los Estados Unidos contra Irán. Si bien la propuesta es inaceptable en su versión actual, implica la visión de cómo instrumentar intereses estratégicos paralelos que podrían sentar precedentes para la superación de otros desafíos globales.
Rusia y los Estados Unidos están ante un orden mundial emergente cuyas amenazas y perspectivas trascienden lo que un Estado nacional —no importa qué tan poderoso— puede abordar por sí solo. La proliferación de armas de destrucción masiva, el jihadismo radicalizado, el medio ambiente, una economía global; todo ello impone la necesidad de una actitud cooperativa.
Eso parece entenderse en el plano de los presidentes y ministros de Relaciones Exteriores, nivel en el que las relaciones son amistosas y se caracterizan por intentos de cooperación serios. En el ámbito público, sin embargo, resurge una actitud que recuerda la de la Guerra Fría. No debe permitirse que esa tendencia se imponga. Los Estados Unidos y Rusia ya no compiten por el liderazgo mundial.
Copyright Clarín y Tribuna Media Services, 2007. Traducción de Joaquín Ibarburu.
Henry Kissinger EX SECRETARIO DE ESTADO NORTEAMERICANO
Las pulseadas entre las dos superpotencias enfrentadas en la Guerra Fría obedecen a una lógica sobre la que ambas están, en realidad, básicamente de acuerdo.
El debate sobre la defensa misilística, que tiene casi cincuenta años, se reabrió como consecuencia del plan de instalar elementos de la defensa misilística estadounidense en la República Checa y Polonia. Los conocidos argumentos de la Guerra Fría resurgieron en momentos en que Rusia desafía la necesidad de esa instalación y afirma que la misma tiene por objeto superar las fuerzas estratégicas rusas en lugar de hacer frente a las amenazas iraníes, como sostiene el gobierno de los Estados Unidos.
Sin embargo, a la invectiva se suma que el Kremlin también presentó una audaz iniciativa para crear una colaboración sin precedentes entre la OTAN y Rusia a los efectos de resistir la amenaza nuclear de Irán. El aspecto del debate relacionado con la Guerra Fría se remonta a un tema que desvela a los estrategas desde el advenimiento de las armas nucleares: si a partir de las consecuencias catastróficas de una guerra nuclear se puede elaborar una estrategia militar a la que una sociedad pueda sobrevivir.
Durante la Guerra Fría, la doctrina estratégica estadounidense dominante buscaba disuadir a través de la capacidad de aniquilación mutua. Sin embargo, cuando la estimación de las víctimas de la estrategia de destrucción mutua asegurada (MAD) llegó a las decenas de millones, los gobiernos retrocedieron ante las implicaciones de lo que sus planificadores habían forjado.
El advenimiento de los misiles balísticos en la década de 1960 generó presiones respecto de una defensa contra la nueva amenaza. En la práctica, sólo los Estados Unidos y la Unión Soviética tenían la capacidad militar para desarrollar lo que podía compararse con derribar el equivalente de una bala en el espacio, y sólo los Estados Unidos tenían la capacidad industrial de producirlo en términos globales.
En las décadas siguientes, el contexto internacional experimentó un gran cambio y obligó a reconsiderar las decisiones anteriores. En primer lugar, la desintegración de la Unión Soviética eliminó en un futuro inmediato la base conceptual de la doctrina MAD.
En segundo término, el progreso técnico hizo que la defensa misilística fuera una perspectiva mucho más realista. En tercer lugar, la proliferación de armas nucleares y tecnología de misiles generó peligros sin precedentes de lanzamientos accidentales o por parte de Estados belicosos. También estaba en juego un tema moral. ¿Cómo podía un presidente explicar, luego de hasta el más limitado de los ataques nucleares, por qué, estando en posesión de una tecnología plausible para mitigar sus consecuencias o para evitarlas, había optado por dejar a la población desprotegida?
Esas consideraciones convencieron al gobierno de Bush de retirarse del tratado de ABM en 2002 para iniciar la construcción de un sistema global de defensa misilística que apuntara a superar ataques limitados, sobre todo procedentes de Estados belicosos. Las instalaciones comenzaron en Alaska, y se están integrando al sistema algunas estaciones de radar existentes en otros lugares. El emplazamiento de un radar en la República Checa y de una serie reducida de interceptores en Polonia serían las primeras nuevas instalaciones fuera de los Estados Unidos pensadas de forma explícita para la defensa misilística.
Rusia, que aceptó la retirada del tratado de ABM en 2002 con escasa o ninguna controversia, reaccionó de inmediato a las instalaciones en Polonia y la República Checa. Eso no debería sorprender a nadie. Moscú siempre dio muestras de gran interés en la defensa misilística. De hecho, la Unión Soviética fue pionera en la instalación de defensa misilística alrededor de Moscú a mediados de los años 60.
El diálogo actual entre Rusia y los Estados Unidos, por lo tanto, reitera en parte un patrón tradicional. Sus implicaciones, sin embargo, van mucho allá de las consideraciones estratégicas. En la conducta del presidente Vladimir Putin está implícito un profundo resentimiento respecto del avance del establishment militar de la OTAN hacia las fronteras de Rusia sin respetar lo que Moscú considera garantías de que eso no sucedería, sobre todo en lo relativo a la tecnología militar avanzada.
Las tácticas de Moscú reflejan su retórica. Lanzó una intensa campaña diplomática destinada a presionar a la OTAN y a los Estados Unidos para que eliminaran la instalación de una defensa misilística en Europa Central. Retiró sus promesas anteriores de que ninguno de los misiles de Rusia apuntaría a territorio de la OTAN.
Pero hay elementos que implican una actitud más constructiva. Putin hizo una propuesta que tiene mucha importancia a largo plazo: vincular las instalaciones de radar de rastreo de misiles existentes en Azerbaiyán, o las que se proyecta en el sur de Rusia, con el sistema de defensa misilística de la OTAN y los Estados Unidos contra Irán. Si bien la propuesta es inaceptable en su versión actual, implica la visión de cómo instrumentar intereses estratégicos paralelos que podrían sentar precedentes para la superación de otros desafíos globales.
Rusia y los Estados Unidos están ante un orden mundial emergente cuyas amenazas y perspectivas trascienden lo que un Estado nacional —no importa qué tan poderoso— puede abordar por sí solo. La proliferación de armas de destrucción masiva, el jihadismo radicalizado, el medio ambiente, una economía global; todo ello impone la necesidad de una actitud cooperativa.
Eso parece entenderse en el plano de los presidentes y ministros de Relaciones Exteriores, nivel en el que las relaciones son amistosas y se caracterizan por intentos de cooperación serios. En el ámbito público, sin embargo, resurge una actitud que recuerda la de la Guerra Fría. No debe permitirse que esa tendencia se imponga. Los Estados Unidos y Rusia ya no compiten por el liderazgo mundial.
Copyright Clarín y Tribuna Media Services, 2007. Traducción de Joaquín Ibarburu.
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miércoles, julio 04, 2007
La solución realista para Irak no depende sólo de Estados Unidos e Irán
(Clarin, Suplemento Zona, DOMINGO 01 JUL 2007)
Henry Kissinger. EX SECRETARIO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS
El mayor objetivo estadounidense sobre la guerra en Irak debe ser un acuerdo internacional. Ello constituiría una prueba de si los vecinos de Irak, así como otros países más distantes, están dispuestos a traducir conceptos generales en políticas convergentes.
Si los Estados Unidos ejecutan una diplomacia inteligente y firme, hasta Irán puede llegar a concluir que los riesgos de la continuación de un conflicto son mayores que las tentaciones que pueda suponer.
Por más divididos que puedan estar los Estados Unidos, y por más indecisa que esté Europa, las realidades geopolíticas se van a imponer. Los países industrializados no pueden permitir que su acceso a la principal región de fuentes de energía quede bajo el control de un país con la política exterior revolucionaria y provocadora de Irán. Una vez que se haga evidente la consecuencia de la dominación iraní, ningún presidente estadounidense lo aceptará. Rusia tendrá sus propios motivos, sobre todo el temor a la radicalización de su propia minoría islámica, para empezar a resistir la hegemonía iraní e islamista radicalizada en el Golfo.
Sumado a la controversia internacional sobre su programa de armas nucleares, el desafío de Irán puede llegar a constituir un riesgo excesivo a los ojos de sus líderes. Es probable que esa sea la razón por la que Irán (y Siria) parecen acercarse a un diálogo con los Estados Unidos.
Cuando Irán llegue a esas conclusiones —si es que lo hace—, deberán cumplirse dos condiciones. En primer lugar, ninguna diplomacia seria puede basarse en la premisa de que los Estados Unidos tienen que suplicar. Washington y sus aliados deben dar muestras de decisión en lo relativo a defender sus intereses vitales. En segundo término, los Estados Unidos tendrán que presentar una posición que admita los legítimos intereses de seguridad de un Irán que acepte el orden existente en el Golfo en lugar de tratar de demolerlo.
Esa negociación debe iniciarse en el marco de un foro de auténtica multilateralidad. Una negociación bilateral dramática entre Irán y los Estados Unidos magnificaría todas las inseguridades de la región. Si El Líbano, Jordania, Arabia Saudita y Kuwait —que confiaron su seguridad sobre todo a los Estados Unidos— se convencen de que hay un acuerdo iraní-estadounidense, la competencia por los favores de Teherán daría por tierra con todas las buenas intenciones. Los Estados Unidos tienen que resistir el canto de sirena del acuerdo estadounidense-iraní, que resultaría un cáliz envenenado. En un marco multilateral, los Estados Unidos podrán mantener conversaciones individuales con los participantes más importantes, tal como pasó en el foro de seis partes sobre Corea del Norte, si bien la nerviosa reacción japonesa a las recientes conversaciones bilaterales entre los Estados Unidos y Pyongyang es un anticipo de la inquietud que se creará en Oriente Medio a menos que se realicen consultas minuciosas.
Ya existe un foro para tal emprendimiento: la conferencia de ministros de Relaciones Exteriores que tuvo lugar hace poco en Sharm el-Sheikh y que acordó volver a reunirse en Estambul en una fecha a determinarse.
Las ideas que esbocé aquí tratan de establecer un nuevo marco internacional para Irak. Se trata de una solución sobre la base de la situación política y militar concreta, no de plazos artificiales.
NOTA DE P DE H: Creemos que este pasaje del artículo de Kissinger desnuda descarnadamente las intenciones, pasadas y presentes de la alianza anglo-norteamericana sobre su intervención en Irak: "Los países industrializados no pueden permitir que su acceso a la principal región de fuentes de energía quede bajo el control de un país con la política exterior revolucionaria y provocadora de Irán. Una vez que se haga evidente la consecuencia de la dominación iraní, ningún presidente estadounidense lo aceptará".
Como varias veces hemos dicho: "A confesión de parte, relevo de prueba".
Henry Kissinger. EX SECRETARIO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS
El mayor objetivo estadounidense sobre la guerra en Irak debe ser un acuerdo internacional. Ello constituiría una prueba de si los vecinos de Irak, así como otros países más distantes, están dispuestos a traducir conceptos generales en políticas convergentes.
Si los Estados Unidos ejecutan una diplomacia inteligente y firme, hasta Irán puede llegar a concluir que los riesgos de la continuación de un conflicto son mayores que las tentaciones que pueda suponer.
Por más divididos que puedan estar los Estados Unidos, y por más indecisa que esté Europa, las realidades geopolíticas se van a imponer. Los países industrializados no pueden permitir que su acceso a la principal región de fuentes de energía quede bajo el control de un país con la política exterior revolucionaria y provocadora de Irán. Una vez que se haga evidente la consecuencia de la dominación iraní, ningún presidente estadounidense lo aceptará. Rusia tendrá sus propios motivos, sobre todo el temor a la radicalización de su propia minoría islámica, para empezar a resistir la hegemonía iraní e islamista radicalizada en el Golfo.
Sumado a la controversia internacional sobre su programa de armas nucleares, el desafío de Irán puede llegar a constituir un riesgo excesivo a los ojos de sus líderes. Es probable que esa sea la razón por la que Irán (y Siria) parecen acercarse a un diálogo con los Estados Unidos.
Cuando Irán llegue a esas conclusiones —si es que lo hace—, deberán cumplirse dos condiciones. En primer lugar, ninguna diplomacia seria puede basarse en la premisa de que los Estados Unidos tienen que suplicar. Washington y sus aliados deben dar muestras de decisión en lo relativo a defender sus intereses vitales. En segundo término, los Estados Unidos tendrán que presentar una posición que admita los legítimos intereses de seguridad de un Irán que acepte el orden existente en el Golfo en lugar de tratar de demolerlo.
Esa negociación debe iniciarse en el marco de un foro de auténtica multilateralidad. Una negociación bilateral dramática entre Irán y los Estados Unidos magnificaría todas las inseguridades de la región. Si El Líbano, Jordania, Arabia Saudita y Kuwait —que confiaron su seguridad sobre todo a los Estados Unidos— se convencen de que hay un acuerdo iraní-estadounidense, la competencia por los favores de Teherán daría por tierra con todas las buenas intenciones. Los Estados Unidos tienen que resistir el canto de sirena del acuerdo estadounidense-iraní, que resultaría un cáliz envenenado. En un marco multilateral, los Estados Unidos podrán mantener conversaciones individuales con los participantes más importantes, tal como pasó en el foro de seis partes sobre Corea del Norte, si bien la nerviosa reacción japonesa a las recientes conversaciones bilaterales entre los Estados Unidos y Pyongyang es un anticipo de la inquietud que se creará en Oriente Medio a menos que se realicen consultas minuciosas.
Ya existe un foro para tal emprendimiento: la conferencia de ministros de Relaciones Exteriores que tuvo lugar hace poco en Sharm el-Sheikh y que acordó volver a reunirse en Estambul en una fecha a determinarse.
Las ideas que esbocé aquí tratan de establecer un nuevo marco internacional para Irak. Se trata de una solución sobre la base de la situación política y militar concreta, no de plazos artificiales.
NOTA DE P DE H: Creemos que este pasaje del artículo de Kissinger desnuda descarnadamente las intenciones, pasadas y presentes de la alianza anglo-norteamericana sobre su intervención en Irak: "Los países industrializados no pueden permitir que su acceso a la principal región de fuentes de energía quede bajo el control de un país con la política exterior revolucionaria y provocadora de Irán. Una vez que se haga evidente la consecuencia de la dominación iraní, ningún presidente estadounidense lo aceptará".
Como varias veces hemos dicho: "A confesión de parte, relevo de prueba".
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miércoles, junio 06, 2007
Antes de salir de Irak, EE.UU. debe recordar Vietnam
(Clarin, 6 de junio del 2007).
Henry Kissinger. EX SECRETARIO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS
Ante lo que ocurre en Irak, es necesaria una breve recapitulación de lo que fue la guerra de Vietnam.
Se debe comenzar disipando el mito de que la administración Nixon negoció en 1972 en términos que podrían haberse acordado en 1969 y que por lo tanto la guerra se prolongó inútilmente. Si un acuerdo firmado oficialmente en enero de 1973 podría haber preservado un Vietnam del Sur independiente y evitado la masacre producida después de la caída de Indochina es algo que nunca se sabrá. Lo que sí sabemos es que la falta de unidad estadounidense impidió ese resultado final cuando el Congreso prohibió el uso de la fuerza militar para mantener el acuerdo y cortó la ayuda cuando ya todas las fuerzas militares estadounidenses (salvo algunos cientos de asesores) habían abandonado Vietnam del Sur. La disociación estadounidense desencadenó una invasión masiva de Vietnam del Norte.
La guerra de Vietnam plantea dos preguntas relevantes. ¿El retiro unilateral era una opción cuando asumió Richard Nixon? ¿El tiempo necesario para implementar el proyecto de Nixon agotó la capacidad del pueblo estadounidense para sostener el resultado final, fuera cual fuere su mérito?
Cuando Nixon asumió, había más de 500.000 efectivos estadounidenses en Vietnam, y su número iba en aumento. La posición oficial de la administración Johnson había sido que el retiro estadounidense debía comenzar seis meses después de un retiro de Vietnam del Norte. La plataforma de las "palomas" (los senadores Robert F. Kennedy y George McGovern), rechazada por la Convención Demócrata de 1968, propiciaba el retiro "recíproco".
Nixon evaluó correctamente las opciones al rechazar los términos de 1969: "¿Vamos a abandonar Vietnam de una manera que conscientemente entrega el país a los comunistas? ¿O lo abandonaremos de una manera que dé a los vietnamitas del Sur una opción razonable para sobrevivir como pueblo libre?" Un dilema comparable es el que plantea el retiro unilateral de Irak.
Cuando las negociaciones se estancaron, la administración Nixon hizo lo que podía hacer unilateralmente sin debilitar la estructura política de Vietnam del Sur. Entre 1969 y 1972, retiró 515.000 soldados estadounidenses, puso fin al combate estadounidense en tierra en 1971 y redujo las víctimas estadounidenses casi en un 90%. También constituye un serio desafío en Irak un retiro gradual capaz de evitar una toma del poder por parte del Islam radical.
En Vietnam se abrió una brecha en 1972 porque el diseño estratégico de la administración terminó de cobrar forma en su venganza por la ofensiva de primavera de Vietnam del Norte. Cuando Estados Unidos minó los puertos vietnamitas del norte, Hanoi se vio aislada porque, como consecuencia de la apertura a China en 1971 y la cumbre de 1972, Pekín y la Unión Soviética se mantuvieron al margen. La ofensiva de Hanoi fue vencida en tierra enteramente por fuerzas vietnamitas del sur asistidas por el poder aéreo estadounidense.
Enfrentado a un revés militar y al aislamiento diplomático, Le Duc Tho, principal negociador de Hanoi, abandonó en octubre de 1972 los términos exigidos por Hanoi en 1969. Aceptó las condiciones señaladas públicamente por Nixon en enero de 1972 ¿ y censuradas por ser consideradas inalcanzables en el debate estadounidense interno. Los términos del consiguiente acuerdo de paz de París fueron un cese el fuego incondicional y la liberación de prisioneros; la continuación del gobierno survietnamita existente; el mantenimiento de la ayuda militar y económica estadounidense para éste; no más infiltración de fuerzas vietnamitas del norte; el retiro de los efectivos estadounidenses restantes; y el retiro de las fuerzas vietnamitas del norte de Laos y Camboya. Ninguno de estos términos era accesible en 1969.
La administración Nixon estaba convencida de que había conseguido una oportunidad decente para que el pueblo de Vietnam del Sur determinara su destino; que el gobierno de Saigón sería capaz de superar las violaciones comunes del acuerdo con sus propias fuerzas; que Estados Unidos prestaría su asistencia contra un ataque total; y que, con el tiempo, el gobierno vietnamita del sur sería capaz de construir una sociedad viable.
La desunión estadounidense contribuyó considerablemente a echar por tierra estas esperanzas. Watergate debilitó fatalmente a la administración Nixon por sus propios errores, y las elecciones legislativas de mitad de mandato en 1974 llevaron al poder a los más implacables opositores de Nixon, que recortaron la ayuda para que el acuerdo no pudiera funcionar como estaba previsto.
Dos lecciones se desprenden de este relato. Un proyecto estratégico no se concreta dentro de un plazo fijo; debe reflejar las condiciones en el terreno. Pero también es necesario que no ponga a prueba la resistencia del pueblo estadounidense hasta un punto en el cual el resultado final ya no pueda ser sostenido por nuestro proceso político. En Irak, un retiro rápido y unilateral sería desastroso. Al mismo tiempo, es imperativa una solución política.
Copyright Clarín y Global Viewpoint, 2007. Traducción de Cristina Sardoy.
Henry Kissinger. EX SECRETARIO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS
Ante lo que ocurre en Irak, es necesaria una breve recapitulación de lo que fue la guerra de Vietnam.
Se debe comenzar disipando el mito de que la administración Nixon negoció en 1972 en términos que podrían haberse acordado en 1969 y que por lo tanto la guerra se prolongó inútilmente. Si un acuerdo firmado oficialmente en enero de 1973 podría haber preservado un Vietnam del Sur independiente y evitado la masacre producida después de la caída de Indochina es algo que nunca se sabrá. Lo que sí sabemos es que la falta de unidad estadounidense impidió ese resultado final cuando el Congreso prohibió el uso de la fuerza militar para mantener el acuerdo y cortó la ayuda cuando ya todas las fuerzas militares estadounidenses (salvo algunos cientos de asesores) habían abandonado Vietnam del Sur. La disociación estadounidense desencadenó una invasión masiva de Vietnam del Norte.
La guerra de Vietnam plantea dos preguntas relevantes. ¿El retiro unilateral era una opción cuando asumió Richard Nixon? ¿El tiempo necesario para implementar el proyecto de Nixon agotó la capacidad del pueblo estadounidense para sostener el resultado final, fuera cual fuere su mérito?
Cuando Nixon asumió, había más de 500.000 efectivos estadounidenses en Vietnam, y su número iba en aumento. La posición oficial de la administración Johnson había sido que el retiro estadounidense debía comenzar seis meses después de un retiro de Vietnam del Norte. La plataforma de las "palomas" (los senadores Robert F. Kennedy y George McGovern), rechazada por la Convención Demócrata de 1968, propiciaba el retiro "recíproco".
Nixon evaluó correctamente las opciones al rechazar los términos de 1969: "¿Vamos a abandonar Vietnam de una manera que conscientemente entrega el país a los comunistas? ¿O lo abandonaremos de una manera que dé a los vietnamitas del Sur una opción razonable para sobrevivir como pueblo libre?" Un dilema comparable es el que plantea el retiro unilateral de Irak.
Cuando las negociaciones se estancaron, la administración Nixon hizo lo que podía hacer unilateralmente sin debilitar la estructura política de Vietnam del Sur. Entre 1969 y 1972, retiró 515.000 soldados estadounidenses, puso fin al combate estadounidense en tierra en 1971 y redujo las víctimas estadounidenses casi en un 90%. También constituye un serio desafío en Irak un retiro gradual capaz de evitar una toma del poder por parte del Islam radical.
En Vietnam se abrió una brecha en 1972 porque el diseño estratégico de la administración terminó de cobrar forma en su venganza por la ofensiva de primavera de Vietnam del Norte. Cuando Estados Unidos minó los puertos vietnamitas del norte, Hanoi se vio aislada porque, como consecuencia de la apertura a China en 1971 y la cumbre de 1972, Pekín y la Unión Soviética se mantuvieron al margen. La ofensiva de Hanoi fue vencida en tierra enteramente por fuerzas vietnamitas del sur asistidas por el poder aéreo estadounidense.
Enfrentado a un revés militar y al aislamiento diplomático, Le Duc Tho, principal negociador de Hanoi, abandonó en octubre de 1972 los términos exigidos por Hanoi en 1969. Aceptó las condiciones señaladas públicamente por Nixon en enero de 1972 ¿ y censuradas por ser consideradas inalcanzables en el debate estadounidense interno. Los términos del consiguiente acuerdo de paz de París fueron un cese el fuego incondicional y la liberación de prisioneros; la continuación del gobierno survietnamita existente; el mantenimiento de la ayuda militar y económica estadounidense para éste; no más infiltración de fuerzas vietnamitas del norte; el retiro de los efectivos estadounidenses restantes; y el retiro de las fuerzas vietnamitas del norte de Laos y Camboya. Ninguno de estos términos era accesible en 1969.
La administración Nixon estaba convencida de que había conseguido una oportunidad decente para que el pueblo de Vietnam del Sur determinara su destino; que el gobierno de Saigón sería capaz de superar las violaciones comunes del acuerdo con sus propias fuerzas; que Estados Unidos prestaría su asistencia contra un ataque total; y que, con el tiempo, el gobierno vietnamita del sur sería capaz de construir una sociedad viable.
La desunión estadounidense contribuyó considerablemente a echar por tierra estas esperanzas. Watergate debilitó fatalmente a la administración Nixon por sus propios errores, y las elecciones legislativas de mitad de mandato en 1974 llevaron al poder a los más implacables opositores de Nixon, que recortaron la ayuda para que el acuerdo no pudiera funcionar como estaba previsto.
Dos lecciones se desprenden de este relato. Un proyecto estratégico no se concreta dentro de un plazo fijo; debe reflejar las condiciones en el terreno. Pero también es necesario que no ponga a prueba la resistencia del pueblo estadounidense hasta un punto en el cual el resultado final ya no pueda ser sostenido por nuestro proceso político. En Irak, un retiro rápido y unilateral sería desastroso. Al mismo tiempo, es imperativa una solución política.
Copyright Clarín y Global Viewpoint, 2007. Traducción de Cristina Sardoy.
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lunes, febrero 26, 2007
El desenlace político en Irak es asunto de todos
(Clarin, Suplemento Zona, domingo 25 de febrero del 2007).
Henry Kissinger.
EX SECRETARIO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS.
Llegó la hora de empezar a prepararse para una conferencia internacional que defina el desenlace político de la guerra de Irak.Pase lo que pase, tiene que haber una etapa diplomática. Irak tendrá que reincorporarse a la comunidad internacional de alguna manera. Sus tensiones internas seguirán generando la tentación de una intervención externa, y no se las puede resistir de forma eficaz si no se acuerdan ciertos principios. Es necesario poner freno a los intereses en conflicto de distintos países mediante una combinación de equilibrio de fuerzas y legitimidad consensuada que dé lugar a una ratificación internacional.La convocatoria a una conferencia internacional sería un paso importante en lo relativo a abordar una sorprendente anomalía de la política internacional contemporánea. Se condena a los Estados Unidos por la forma en que condujo la guerra de Irak, al tiempo que ningún país estuvo dispuesto a participar en una exploración seria de las implicaciones políticas de los desenlaces previsibles. Sin embargo, nadie quedará al margen. Si los Estados Unidos no logran sus objetivos inmediatos —si surgen bases o regímenes terroristas en Irak, con el respaldo de sus grandes recursos petroleros— ningún país que tenga una población musulmana significativa podrá escapar a las consecuencias. No lo hará India, que tiene la segunda población musulmana más numerosa del mundo; ni Indonesia, que tiene la más numerosa; ni Turquía, que ya debe enfrentar incursiones del sector kurdo de Irak; ni Malasia, Paquistán ni ninguno de los países de Europa occidental; ni Rusia, cuya región sur es musulmana; ni tampoco China.Si la guerra de Irak culmina con un Irán nuclear (como consecuencia indirecta) y un fundamentalismo islámico que pueda proclamar que expulsó a Rusia de Afganistán y a los Estados Unidos de Irak, es inevitable un período de extremada turbulencia, rayano en el caos, y no se limitará a Oriente Medio. Si la provisión global de petróleo se ve amenazada, ello tendría un impacto catastrófico en la economía mundial, sobre todo en las economías industrializadas. No se le exigió a ninguna de las posibles víctimas de esas tendencias que hicieran ningún aporte, ni siquiera de ideas, y mucho menos que participaran en la búsqueda de una solución política.En lugar de ello, lo que se debate con más frecuencia es si en realidad debería invocarse la diplomacia. Fiel a un tipo de actitud estadounidense en relación con la diplomacia, el gobierno de Bush dio a entender que todavía no está dispuesto a negociar en relación con Irak, y menos aún con Irán y Siria, a los que se acusa de fomentar el conflicto e instigar a la violencia.Los que critican al gobierno insisten en que se recurra de inmediato a la diplomacia sin definir siempre qué es lo que entienden por ello. Muchos reflejan la marcada nostalgia estadounidense por una estrategia militar inmaculada que culmine en una completa victoria, seguida de una diplomacia inmaculada que opere según sus propias reglas internas. El rechazo de la máxima de Clausewitz de la relación entre fuerza y diplomacia supone que el proceso de la diplomacia es independiente, que está regido por una lógica autónoma. Según esa posición, la diplomacia avanza mediante demostraciones de buena voluntad y debe alentársela con una constante disposición a salir de toda parálisis a través de nuevas propuestas. Las operaciones militares deberían reducirse o detenerse como condición para ingresar a la etapa diplomática. Toda intensificación, por más temporaria que pueda ser, queda proscrita. Esa actitud hizo que, al comienzo de las negociaciones para finalizar las guerras de Corea y de Vietnam, los Estados Unidos aceptaran un cese del fuego en Corea y el fin de los bombardeos en Vietnam. La consecuencia fue una prolongación de la parálisis.Desde 2002, cuando empezó la controversia sobre si utilizar la fuerza contra Irak, apoyé la decisión de derrocar a Saddam, pero también sostuve que no podría imponerse ningún resultado en el mundo árabe sólo mediante la fuerza militar. La diplomacia siempre debía ser parte integral de la estrategia en Irak.El debate actual sobre la finalización de la guerra en Irak adscribió una condición mítica a la conveniencia de las negociaciones bilaterales con Siria e Irán como clave para alcanzar un acuerdo en Irak. La disposición a negociar no será suficiente, sin embargo, a menos que se puedan armonizar de forma tolerable los principios y objetivos de ambas partes. Se tratará de una tarea formidable.La diplomacia debe comprender cuál es el mínimo por debajo del cual un acuerdo pone en peligro la seguridad nacional, así como el máximo por encima del cual resulta contraproducente esperar que la otra parte ceda. Exceder esos límites supone el riesgo de un estancamiento o de poner en peligro la seguridad de los Estados Unidos.Siria e Irán son países débiles que tienen una fuerza temporaria. Los Estados Unidos siguen siendo una superpotencia. Es necesario que todas las partes tengan autoridades inteligentes a los efectos de establecer un orden internacional que proporcione seguridad a todos los participantes y respeto a todas las religiones.
(NOTA DE P. DE H): El análisis de Kissinger pretende fracturar toda posible unidad del mundo islámico en rechazo de la intervención de EEUU en Irak, bajo la tentación de participar en las "decisiones político-diplomáticas" que se deberían tomar al respecto. Mas allá de esta fachada, pues las decisiones las toman y las seguirán tomando las oligarquías sionistas y anglo-americanas, también se efectúa un guiño a Rusia para tratar de que su política exterior se ajuste a los intereses americanos y deje, por ejemplo, de apoyar el proyecto nuclear iraní. Al margen de estas consideraciones, resulta obvio, la circunstancial mención del problema del petróleo, verdadero móvil de esta intervención.
Henry Kissinger.
EX SECRETARIO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS.
Llegó la hora de empezar a prepararse para una conferencia internacional que defina el desenlace político de la guerra de Irak.Pase lo que pase, tiene que haber una etapa diplomática. Irak tendrá que reincorporarse a la comunidad internacional de alguna manera. Sus tensiones internas seguirán generando la tentación de una intervención externa, y no se las puede resistir de forma eficaz si no se acuerdan ciertos principios. Es necesario poner freno a los intereses en conflicto de distintos países mediante una combinación de equilibrio de fuerzas y legitimidad consensuada que dé lugar a una ratificación internacional.La convocatoria a una conferencia internacional sería un paso importante en lo relativo a abordar una sorprendente anomalía de la política internacional contemporánea. Se condena a los Estados Unidos por la forma en que condujo la guerra de Irak, al tiempo que ningún país estuvo dispuesto a participar en una exploración seria de las implicaciones políticas de los desenlaces previsibles. Sin embargo, nadie quedará al margen. Si los Estados Unidos no logran sus objetivos inmediatos —si surgen bases o regímenes terroristas en Irak, con el respaldo de sus grandes recursos petroleros— ningún país que tenga una población musulmana significativa podrá escapar a las consecuencias. No lo hará India, que tiene la segunda población musulmana más numerosa del mundo; ni Indonesia, que tiene la más numerosa; ni Turquía, que ya debe enfrentar incursiones del sector kurdo de Irak; ni Malasia, Paquistán ni ninguno de los países de Europa occidental; ni Rusia, cuya región sur es musulmana; ni tampoco China.Si la guerra de Irak culmina con un Irán nuclear (como consecuencia indirecta) y un fundamentalismo islámico que pueda proclamar que expulsó a Rusia de Afganistán y a los Estados Unidos de Irak, es inevitable un período de extremada turbulencia, rayano en el caos, y no se limitará a Oriente Medio. Si la provisión global de petróleo se ve amenazada, ello tendría un impacto catastrófico en la economía mundial, sobre todo en las economías industrializadas. No se le exigió a ninguna de las posibles víctimas de esas tendencias que hicieran ningún aporte, ni siquiera de ideas, y mucho menos que participaran en la búsqueda de una solución política.En lugar de ello, lo que se debate con más frecuencia es si en realidad debería invocarse la diplomacia. Fiel a un tipo de actitud estadounidense en relación con la diplomacia, el gobierno de Bush dio a entender que todavía no está dispuesto a negociar en relación con Irak, y menos aún con Irán y Siria, a los que se acusa de fomentar el conflicto e instigar a la violencia.Los que critican al gobierno insisten en que se recurra de inmediato a la diplomacia sin definir siempre qué es lo que entienden por ello. Muchos reflejan la marcada nostalgia estadounidense por una estrategia militar inmaculada que culmine en una completa victoria, seguida de una diplomacia inmaculada que opere según sus propias reglas internas. El rechazo de la máxima de Clausewitz de la relación entre fuerza y diplomacia supone que el proceso de la diplomacia es independiente, que está regido por una lógica autónoma. Según esa posición, la diplomacia avanza mediante demostraciones de buena voluntad y debe alentársela con una constante disposición a salir de toda parálisis a través de nuevas propuestas. Las operaciones militares deberían reducirse o detenerse como condición para ingresar a la etapa diplomática. Toda intensificación, por más temporaria que pueda ser, queda proscrita. Esa actitud hizo que, al comienzo de las negociaciones para finalizar las guerras de Corea y de Vietnam, los Estados Unidos aceptaran un cese del fuego en Corea y el fin de los bombardeos en Vietnam. La consecuencia fue una prolongación de la parálisis.Desde 2002, cuando empezó la controversia sobre si utilizar la fuerza contra Irak, apoyé la decisión de derrocar a Saddam, pero también sostuve que no podría imponerse ningún resultado en el mundo árabe sólo mediante la fuerza militar. La diplomacia siempre debía ser parte integral de la estrategia en Irak.El debate actual sobre la finalización de la guerra en Irak adscribió una condición mítica a la conveniencia de las negociaciones bilaterales con Siria e Irán como clave para alcanzar un acuerdo en Irak. La disposición a negociar no será suficiente, sin embargo, a menos que se puedan armonizar de forma tolerable los principios y objetivos de ambas partes. Se tratará de una tarea formidable.La diplomacia debe comprender cuál es el mínimo por debajo del cual un acuerdo pone en peligro la seguridad nacional, así como el máximo por encima del cual resulta contraproducente esperar que la otra parte ceda. Exceder esos límites supone el riesgo de un estancamiento o de poner en peligro la seguridad de los Estados Unidos.Siria e Irán son países débiles que tienen una fuerza temporaria. Los Estados Unidos siguen siendo una superpotencia. Es necesario que todas las partes tengan autoridades inteligentes a los efectos de establecer un orden internacional que proporcione seguridad a todos los participantes y respeto a todas las religiones.
(NOTA DE P. DE H): El análisis de Kissinger pretende fracturar toda posible unidad del mundo islámico en rechazo de la intervención de EEUU en Irak, bajo la tentación de participar en las "decisiones político-diplomáticas" que se deberían tomar al respecto. Mas allá de esta fachada, pues las decisiones las toman y las seguirán tomando las oligarquías sionistas y anglo-americanas, también se efectúa un guiño a Rusia para tratar de que su política exterior se ajuste a los intereses americanos y deje, por ejemplo, de apoyar el proyecto nuclear iraní. Al margen de estas consideraciones, resulta obvio, la circunstancial mención del problema del petróleo, verdadero móvil de esta intervención.
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miércoles, diciembre 06, 2006
Con Corea del Norte, diplomacia más presión
(Clarin, domingo 3 de diciembre).
Análisis de H. Kissinger.
En las negociaciones que se están manteniendo con el país que amenaza con su poderío nuclear, no puede obviarse la posibilidad de sanciones. Se impone evitar que el mundo esté al borde de la catástrofe.Dos negociaciones que llevan a cabo a miles de kilómetros de distancia grupos que en buena medida se superponen pueden determinar el futuro del orden mundial.
En Beijing, los Estados Unidos, China, Rusia, Japón y las dos Coreas dialogan sobre el programa nuclear de Corea del Norte.
En Viena, el llamado E-3 (Alemania, Francia y Gran Bretaña) mantiene ocasionales reuniones con un negociador iraní respecto del programa nuclear de Irán. La diplomacia coreana puede estar en camino de una solución. Las conversaciones iraníes se encuentran estancadas.
Los dos programas nucleares no son idénticos. Corea del Norte confirma su intención de contar con un programa de armas nucleares y ya efectuó una prueba.
Irán insiste en que su programa nuclear tiene fines pacíficos y no proclama estar en condiciones de producir armas nucleares.
Sin embargo, el tema fundamental de ambas negociaciones es el mismo. Si los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad junto con Alemania y Japón no pueden inducir a Corea del Norte e Irán a aceptar sus recomendaciones, la proliferación no tendrá límites y el mundo vivirá de forma precaria al borde de la catástrofe.
Las negociaciones reavivaron el largo debate sobre si la diplomacia opera según sus propias reglas internas o si lo que la impulsa debe derivar de un equilibrio de presiones e incentivos. Mohamed ElBaradei, el director de la AIEA (la Agencia Internacional de Energía Atómica), manifestó sus dudas en relación con la utilidad de las sanciones contra Corea del Norte y destacó que se inclinaba por la diplomacia.
De igual manera, el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, se negó a respaldar la propuesta europea de sancionar a Irán —a pesar de que antes había estado de acuerdo en principio— con el argumento de que la presión afectaría las posibilidades diplomáticas.
Sin embargo, la presión —el intento de inducir una decisión que la otra parte no había elegido en un primer momento— es un componente necesario de casi cualquier negociación. La diplomacia no es un seminario académico, sino que su objetivo es adaptar los intereses nacionales reales de manera tal que se contribuya a los intereses de las partes y al orden internacional. Si las sanciones no pueden disuadir a Corea del Norte —sin duda el régimen más insensible del mundo— y a Irán, ¿qué puede hacerlo? ¿De qué otra forma los miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Japón y Alemania pueden imponerse, excepto dejando muy claro cuáles pueden ser las consecuencias de la intransigencia, si tanto Corea del Norte como Irán optan por el obstruccionismo? La máxima de Teddy Roosevelt —hablar con suavidad pero tener un gran garrote— expresaba esta realidad.
El debate se vio distorsionado por la polémica sobre el cambio de régimen. Los Estados Unidos ingresaron a ambas negociaciones con una actitud de reserva: participaban apoyando la posición de otras partes que actuaban como sus representantes, pero no mantenían conversaciones oficiales con países del "eje del mal", a los que trataban de aislar en el plano diplomático.
Dado que el objetivo de una negociación es un acuerdo entre las partes, la diplomacia no puede funcionar si una parte trata de socavar a la otra. Es por eso que, en esencia, el gobierno de Bush cambió de prioridades. Actuó de una manera práctica que, en efecto, separa la proliferación nuclear de los objetivos a largo plazo de cambio de régimen.
El tema ya no es si los Estados Unidos están dispuestos a negociar con Corea del Norte e Irán, sino en qué contexto y con qué propósitos.
La tarea clave es pasar de las sanciones a una conclusión de las negociaciones, y hacerlo a un ritmo determinado.
El desafío es triple: primero, mantener las sanciones que contribuyeron a un avance y no repetir el error de las guerras de Corea y Vietnam de suspender la presión como vía para ingresar a las negociaciones; segundo, evitar que los agravios de Corea del Norte se conviertan en el tema principal de la primera ronda de negociaciones; tercero, concentrarse en lo esencial sin distraerse en temas laterales, ya sea en el plano interno o en las negociaciones.
La prioridad debería ser completar los detalles para poder establecer el plazo y las características de las medidas contempladas en la declaración de principios de septiembre de 2005 para ambas partes.
En la práctica, eso significa elaborar un programa para que Corea del Norte abandone su programa nuclear, así como un programa de asistencia económica para Corea del Norte acompañado de las necesarias garantías. Si Corea del Norte dilata las cosas, los otros países deben hacerlas avanzar mediante la elaboración de una propuesta. Luego podría presentarse la misma a Pyongyang a través de un vocero del grupo o en una sesión plenaria.
Cualquiera sea la vía que se elija, es necesario dar una conclusión al problema nuclear norcoreano. La negociación debe considerarse en el contexto de que desnuclearizar Corea del Norte sería un paso histórico que podría inaugurar una nueva era de cooperación en el Pacífico.
NOTA DE P DE H: Que el ex secretario de estado de EEUU, miembro del CFR, y fundador de la Trilateral Commission, señale la conveniencia de terminar con "el problema nuclear norcoreano", es a nuestro juicio, la garantía de que tarde o temprano Corea del Norte será víctima de una agresión militar o de desestabilizaciones políticas que terminen con el actual régimen y sea reemplazado por uno afín a EEUU. Nada de todo lo aquí analizado es promisorio para un futuro en paz.
Análisis de H. Kissinger.
En las negociaciones que se están manteniendo con el país que amenaza con su poderío nuclear, no puede obviarse la posibilidad de sanciones. Se impone evitar que el mundo esté al borde de la catástrofe.Dos negociaciones que llevan a cabo a miles de kilómetros de distancia grupos que en buena medida se superponen pueden determinar el futuro del orden mundial.
En Beijing, los Estados Unidos, China, Rusia, Japón y las dos Coreas dialogan sobre el programa nuclear de Corea del Norte.
En Viena, el llamado E-3 (Alemania, Francia y Gran Bretaña) mantiene ocasionales reuniones con un negociador iraní respecto del programa nuclear de Irán. La diplomacia coreana puede estar en camino de una solución. Las conversaciones iraníes se encuentran estancadas.
Los dos programas nucleares no son idénticos. Corea del Norte confirma su intención de contar con un programa de armas nucleares y ya efectuó una prueba.
Irán insiste en que su programa nuclear tiene fines pacíficos y no proclama estar en condiciones de producir armas nucleares.
Sin embargo, el tema fundamental de ambas negociaciones es el mismo. Si los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad junto con Alemania y Japón no pueden inducir a Corea del Norte e Irán a aceptar sus recomendaciones, la proliferación no tendrá límites y el mundo vivirá de forma precaria al borde de la catástrofe.
Las negociaciones reavivaron el largo debate sobre si la diplomacia opera según sus propias reglas internas o si lo que la impulsa debe derivar de un equilibrio de presiones e incentivos. Mohamed ElBaradei, el director de la AIEA (la Agencia Internacional de Energía Atómica), manifestó sus dudas en relación con la utilidad de las sanciones contra Corea del Norte y destacó que se inclinaba por la diplomacia.
De igual manera, el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, se negó a respaldar la propuesta europea de sancionar a Irán —a pesar de que antes había estado de acuerdo en principio— con el argumento de que la presión afectaría las posibilidades diplomáticas.
Sin embargo, la presión —el intento de inducir una decisión que la otra parte no había elegido en un primer momento— es un componente necesario de casi cualquier negociación. La diplomacia no es un seminario académico, sino que su objetivo es adaptar los intereses nacionales reales de manera tal que se contribuya a los intereses de las partes y al orden internacional. Si las sanciones no pueden disuadir a Corea del Norte —sin duda el régimen más insensible del mundo— y a Irán, ¿qué puede hacerlo? ¿De qué otra forma los miembros permanentes del Consejo de Seguridad más Japón y Alemania pueden imponerse, excepto dejando muy claro cuáles pueden ser las consecuencias de la intransigencia, si tanto Corea del Norte como Irán optan por el obstruccionismo? La máxima de Teddy Roosevelt —hablar con suavidad pero tener un gran garrote— expresaba esta realidad.
El debate se vio distorsionado por la polémica sobre el cambio de régimen. Los Estados Unidos ingresaron a ambas negociaciones con una actitud de reserva: participaban apoyando la posición de otras partes que actuaban como sus representantes, pero no mantenían conversaciones oficiales con países del "eje del mal", a los que trataban de aislar en el plano diplomático.
Dado que el objetivo de una negociación es un acuerdo entre las partes, la diplomacia no puede funcionar si una parte trata de socavar a la otra. Es por eso que, en esencia, el gobierno de Bush cambió de prioridades. Actuó de una manera práctica que, en efecto, separa la proliferación nuclear de los objetivos a largo plazo de cambio de régimen.
El tema ya no es si los Estados Unidos están dispuestos a negociar con Corea del Norte e Irán, sino en qué contexto y con qué propósitos.
La tarea clave es pasar de las sanciones a una conclusión de las negociaciones, y hacerlo a un ritmo determinado.
El desafío es triple: primero, mantener las sanciones que contribuyeron a un avance y no repetir el error de las guerras de Corea y Vietnam de suspender la presión como vía para ingresar a las negociaciones; segundo, evitar que los agravios de Corea del Norte se conviertan en el tema principal de la primera ronda de negociaciones; tercero, concentrarse en lo esencial sin distraerse en temas laterales, ya sea en el plano interno o en las negociaciones.
La prioridad debería ser completar los detalles para poder establecer el plazo y las características de las medidas contempladas en la declaración de principios de septiembre de 2005 para ambas partes.
En la práctica, eso significa elaborar un programa para que Corea del Norte abandone su programa nuclear, así como un programa de asistencia económica para Corea del Norte acompañado de las necesarias garantías. Si Corea del Norte dilata las cosas, los otros países deben hacerlas avanzar mediante la elaboración de una propuesta. Luego podría presentarse la misma a Pyongyang a través de un vocero del grupo o en una sesión plenaria.
Cualquiera sea la vía que se elija, es necesario dar una conclusión al problema nuclear norcoreano. La negociación debe considerarse en el contexto de que desnuclearizar Corea del Norte sería un paso histórico que podría inaugurar una nueva era de cooperación en el Pacífico.
NOTA DE P DE H: Que el ex secretario de estado de EEUU, miembro del CFR, y fundador de la Trilateral Commission, señale la conveniencia de terminar con "el problema nuclear norcoreano", es a nuestro juicio, la garantía de que tarde o temprano Corea del Norte será víctima de una agresión militar o de desestabilizaciones políticas que terminen con el actual régimen y sea reemplazado por uno afín a EEUU. Nada de todo lo aquí analizado es promisorio para un futuro en paz.
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domingo, septiembre 10, 2006
Hezbollah inaugura un problema para el mundo.
DEBATES: HENRY KISSINGER EX SECRETARIO DE ESTADO DE LOS ESTADOS UNIDOS
Hezbollah inaugura un problema para el mundo.
(H. Kissinger en Clarín del 10 de septiembre del 2006).
Dos interpretaciones erróneas dominan la discusión pública sobre la crisis del Líbano.La primera es que Hezbollah es una organización terrorista tradicional que opera encubiertamente fuera de la ley. La segunda es que el alto el fuego marca el final de la guerra del Líbano. Ninguna de estas opiniones es válida.Hezbollah es, en realidad, una metástasis del esquema de al Qaeda. Actúa abiertamente como un Estado dentro de un Estado. Comanda un ejército mucho más fuerte y mejor equipado que el del Líbano en suelo libanés, desafiando dos resoluciones de la ONU. Financiado y adiestrado por Irán, libra guerras con unidades organizadas contra un adversario importante. Como partido shiíta, tiene ministros en el gobierno del Líbano que no se consideran sujetos a las decisiones de aquel. Una entidad no estatal en el suelo de un Estado, con todos los atributos de un Estado y respaldado por la mayor potencia regional es un fenómeno nuevo en las relaciones internacionales.Desde su creación, Hezbollah está casi permanentemente en guerra. La primera de las tres guerras de Hezbollah tuvo lugar cuando, en 1983, su ataque a un cuartel estadounidense produjo la muerte de 241 infantes de marina y convenció a los Estados Unidos de retirar sus fuerzas de mantenimiento de la paz de Beirut.La segunda fue una campaña de hostigamiento que indujo a las fuerzas israelíes a retirarse del sur del Líbano en 2000. La tercera comenzó este año con el secuestro de dos soldados israelíes en territorio de ese país que llevó al ataque de represalia israelí.Estamos presenciando una agresión cuidadosamente concebida, no ataques terroristas aislados, contra el sistema internacional de respeto por la soberanía y la integridad territorial. La creación de organizaciones como Hezbollah y al Qaeda simboliza que las lealtades transnacionales están reemplazando a las nacionales.La fuerza impulsora que está detrás de este desafío es la convicción jihadista de que es el orden existente el que es ilegítimo, no el método de Hezbollah y la jihad para combatirlo. Para los adherentes a la jihad, el campo de batalla no puede estar definido por fronteras basadas en principios de orden mundial que rechazan; lo que llamamos terrorismo es, para los jihadistas, un acto de guerra para debilitar regímenes ilegítimos.Un alto el fuego no pone fin a esta guerra; inaugura una nueva fase en ella. Este doble ataque al orden mundial, por la combinación de estados radicales con grupos transnacionales no estatales a veces organizados como milicias, es un desafío singular en Oriente Medio, donde las fronteras denotan pocas tradiciones nacionales y todavía no llevan un siglo de existencia. Pero podría extenderse a todos los lugares donde existan grupos islámicos radicales y militantes. Por lo tanto, los dirigentes se ven en la disyuntiva de seguir los principios del orden internacional existente, del cual puede depender su economía, o de ceder (cuando no sumarse) al movimiento transnacional del cual puede depender su supervivencia política.La crisis del Líbano es un caso clásico de este esquema. Conforme a las reglas del viejo orden internacional, la guerra técnicamente tuvo lugar entre dos estados —el Líbano e Israel— que, en realidad, tienen muy pocos intereses encontrados.Su única disputa territorial se refiere a una pequeña franja de territorio, las Granjas de Saba, ocupada por Israel a expensas de Siria en 1967 e indirectamente declarada no parte del Líbano por la ONU en 2000. La resolución de cese del fuego de la ONU afirma que la crisis fue provocada por Hezbollah, que había mantenido a las fuerzas armadas libanesas fuera de la parte sur del Líbano lindante con Israel durante treinta años.Sin embargo, conforme a las normas internacionales vigentes, el secretario de Estado se vio obligado a negociar el cese del fuego con el gobierno libanés, que no controlaba fuerzas que pudieran implementarlo, mientras que las únicas fuerzas capaces de hacerlo nunca lo han aceptado formalmente.Los objetivos reales de la guerra del Líbano eran transnacionales y no libaneses: superar la milenaria división entre sunnitas y shiítas sobre la base del odio a Israel y los Estados Unidos; aliviar la presión diplomática sobre el programa nuclear iraní; demostrar que Israel sería tomado como rehén si la presión se tornaba demasiado intensa; instalar a Irán como un factor de peso en cualquier negociación; frustrar el proceso de paz palestino; mostrar que Siria —el segundo patrocinador de Hezbollah en importancia— seguía en condiciones de luchar por sus aspiraciones en el Líbano.Es por eso que el balance de la guerra del Líbano en gran parte debe evaluarse en términos psicológicos y políticos. No hay dudas de que la guerra le infligió gran número de bajas a Hezbollah. Pero la realidad psicológica predominante es que Hezbollah permaneció intacto y que Israel no pudo (o no quiso) ni suprimir los ataques con cohetes contra su territorio ni amoldar su poderío militar a objetivos políticos capaces de proporcionar posiciones de negociación después del cese de las hostilidades.
NOTA DE P. DE H: El análisis efectuado por H. Kissinger tiene el valor de provenir de un hombre que pertenece al sionismo internacional, y uno de lo máximos referentes del proyecto del Nuevo Orden Mundial. Se trata de un personaje clave del lobbie sionista en la política de EEUU; autor del célebre informe que lleva su nombre dónde aconseja el control de natalidad en los países coloniales y semicoloniales, cultor del neo-malthusianismo, este verdadero agente del mal, deja entrever en sus palabras que la reciente guerra que el estado sionista de Israel librara contra el Líbano, no es más que una de las múltiples batallas que está por venir en la región.
Los argumentos; sofistas y falaces como siempre, son ya conocidos por todos: “Hezbollah es una organización terrorista”; “Hezbollah es una metástasis del esquema de al Qaeda”, “se trata de un doble ataque al orden mundial”, etc, etc. Quizás, lo más interesante sea, su referencia al “financiamiento y adiestramiento” que Hezbollah recibe de Irán, y la mención de que este grupo es “respaldado por la mayor potencia regional” (Irán).
Dichas consideraciones: Que la guerra de Israel contra el Líbano no es más que una batalla; y que Irán es la mayor potencia de la región, hacen prever cuáles serán los pasos del eje sionista-anglo-norteamericano.
Hezbollah inaugura un problema para el mundo.
(H. Kissinger en Clarín del 10 de septiembre del 2006).
Dos interpretaciones erróneas dominan la discusión pública sobre la crisis del Líbano.La primera es que Hezbollah es una organización terrorista tradicional que opera encubiertamente fuera de la ley. La segunda es que el alto el fuego marca el final de la guerra del Líbano. Ninguna de estas opiniones es válida.Hezbollah es, en realidad, una metástasis del esquema de al Qaeda. Actúa abiertamente como un Estado dentro de un Estado. Comanda un ejército mucho más fuerte y mejor equipado que el del Líbano en suelo libanés, desafiando dos resoluciones de la ONU. Financiado y adiestrado por Irán, libra guerras con unidades organizadas contra un adversario importante. Como partido shiíta, tiene ministros en el gobierno del Líbano que no se consideran sujetos a las decisiones de aquel. Una entidad no estatal en el suelo de un Estado, con todos los atributos de un Estado y respaldado por la mayor potencia regional es un fenómeno nuevo en las relaciones internacionales.Desde su creación, Hezbollah está casi permanentemente en guerra. La primera de las tres guerras de Hezbollah tuvo lugar cuando, en 1983, su ataque a un cuartel estadounidense produjo la muerte de 241 infantes de marina y convenció a los Estados Unidos de retirar sus fuerzas de mantenimiento de la paz de Beirut.La segunda fue una campaña de hostigamiento que indujo a las fuerzas israelíes a retirarse del sur del Líbano en 2000. La tercera comenzó este año con el secuestro de dos soldados israelíes en territorio de ese país que llevó al ataque de represalia israelí.Estamos presenciando una agresión cuidadosamente concebida, no ataques terroristas aislados, contra el sistema internacional de respeto por la soberanía y la integridad territorial. La creación de organizaciones como Hezbollah y al Qaeda simboliza que las lealtades transnacionales están reemplazando a las nacionales.La fuerza impulsora que está detrás de este desafío es la convicción jihadista de que es el orden existente el que es ilegítimo, no el método de Hezbollah y la jihad para combatirlo. Para los adherentes a la jihad, el campo de batalla no puede estar definido por fronteras basadas en principios de orden mundial que rechazan; lo que llamamos terrorismo es, para los jihadistas, un acto de guerra para debilitar regímenes ilegítimos.Un alto el fuego no pone fin a esta guerra; inaugura una nueva fase en ella. Este doble ataque al orden mundial, por la combinación de estados radicales con grupos transnacionales no estatales a veces organizados como milicias, es un desafío singular en Oriente Medio, donde las fronteras denotan pocas tradiciones nacionales y todavía no llevan un siglo de existencia. Pero podría extenderse a todos los lugares donde existan grupos islámicos radicales y militantes. Por lo tanto, los dirigentes se ven en la disyuntiva de seguir los principios del orden internacional existente, del cual puede depender su economía, o de ceder (cuando no sumarse) al movimiento transnacional del cual puede depender su supervivencia política.La crisis del Líbano es un caso clásico de este esquema. Conforme a las reglas del viejo orden internacional, la guerra técnicamente tuvo lugar entre dos estados —el Líbano e Israel— que, en realidad, tienen muy pocos intereses encontrados.Su única disputa territorial se refiere a una pequeña franja de territorio, las Granjas de Saba, ocupada por Israel a expensas de Siria en 1967 e indirectamente declarada no parte del Líbano por la ONU en 2000. La resolución de cese del fuego de la ONU afirma que la crisis fue provocada por Hezbollah, que había mantenido a las fuerzas armadas libanesas fuera de la parte sur del Líbano lindante con Israel durante treinta años.Sin embargo, conforme a las normas internacionales vigentes, el secretario de Estado se vio obligado a negociar el cese del fuego con el gobierno libanés, que no controlaba fuerzas que pudieran implementarlo, mientras que las únicas fuerzas capaces de hacerlo nunca lo han aceptado formalmente.Los objetivos reales de la guerra del Líbano eran transnacionales y no libaneses: superar la milenaria división entre sunnitas y shiítas sobre la base del odio a Israel y los Estados Unidos; aliviar la presión diplomática sobre el programa nuclear iraní; demostrar que Israel sería tomado como rehén si la presión se tornaba demasiado intensa; instalar a Irán como un factor de peso en cualquier negociación; frustrar el proceso de paz palestino; mostrar que Siria —el segundo patrocinador de Hezbollah en importancia— seguía en condiciones de luchar por sus aspiraciones en el Líbano.Es por eso que el balance de la guerra del Líbano en gran parte debe evaluarse en términos psicológicos y políticos. No hay dudas de que la guerra le infligió gran número de bajas a Hezbollah. Pero la realidad psicológica predominante es que Hezbollah permaneció intacto y que Israel no pudo (o no quiso) ni suprimir los ataques con cohetes contra su territorio ni amoldar su poderío militar a objetivos políticos capaces de proporcionar posiciones de negociación después del cese de las hostilidades.
NOTA DE P. DE H: El análisis efectuado por H. Kissinger tiene el valor de provenir de un hombre que pertenece al sionismo internacional, y uno de lo máximos referentes del proyecto del Nuevo Orden Mundial. Se trata de un personaje clave del lobbie sionista en la política de EEUU; autor del célebre informe que lleva su nombre dónde aconseja el control de natalidad en los países coloniales y semicoloniales, cultor del neo-malthusianismo, este verdadero agente del mal, deja entrever en sus palabras que la reciente guerra que el estado sionista de Israel librara contra el Líbano, no es más que una de las múltiples batallas que está por venir en la región.
Los argumentos; sofistas y falaces como siempre, son ya conocidos por todos: “Hezbollah es una organización terrorista”; “Hezbollah es una metástasis del esquema de al Qaeda”, “se trata de un doble ataque al orden mundial”, etc, etc. Quizás, lo más interesante sea, su referencia al “financiamiento y adiestramiento” que Hezbollah recibe de Irán, y la mención de que este grupo es “respaldado por la mayor potencia regional” (Irán).
Dichas consideraciones: Que la guerra de Israel contra el Líbano no es más que una batalla; y que Irán es la mayor potencia de la región, hacen prever cuáles serán los pasos del eje sionista-anglo-norteamericano.
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